miércoles, 4 de abril de 2018

Los discípulos de Emaús y su conversación de amistad

Carta del prior provincial, Fr. Jesús Díaz Sariego, dirigida a los frailes de la Provincia con motivo de la celebración de la Pascua de 2018

Es mucho lo que comentan y sobrado lo que veo,
que tengo susto en el alma y estoy temblando de miedo…
Dile a Jesús lo que pasa; ¡díselo, díselo presto!
lo que pasa, lo que pasa en Jerusalén y Huerto.
Fr. José Mateos, O.P.

Queridos hermanos,

Es mucho lo que comentan y sobrado lo que veo… Mientras escribía esta carta uno de nuestros hermanos mayores me enviaba un poema bajo el título ‘Dile a Jesús’. Una creación literaria que él mismo había escrito con motivo del triduo pascual. Extraigo los versos que encabezan esta carta para reflejar que, en cierto sentido, así estamos celebrando la Pascua del Señor; porque el misterio pascual no deja de sorprendernos. Desborda a la inteligencia y a los afectos. Aun así, no escatimamos esfuerzos por ahondar en la experiencia que tal misterio nos descubre.

El tiempo pascual brinda la oportunidad de interiorizar en uno de los mensajes pascuales más acertados y entrañables. Me refiero al relato de Lucas sobre los discípulos de Emaús. El evangelista, con gran expresividad narrativa, cuenta una historia. Refiere para ello unos personajes, un diálogo, unos acontecimientos, un contexto y un pretexto, unos referentes y unos modos de relación, un encuentro. Estos elementos se vinculan estrechamente entre sí, construyendo la verosimilitud de una historia en conversación que ha marcado la experiencia religiosa de la fe cristiana hasta nuestros días.

La conversación que se ofrece es una conversación de amistad. En mi percepción de las cosas el relato de Emaús narra la sabiduría de la Pascua en clave de amistad. El camino de Emaús, a través de su narración nos introduce en el misterio del resucitado; nos ayuda a comprender las Escrituras porque ‘nos abre los ojos’ al amor más auténtico y porque ‘nos prepara el corazón’ para recibirla de otros e incluso de Dios mismo. La relación de amistad procura precisamente esto: ‘abrir los ojos, al disponernos mejor el corazón para un encuentro amistoso’.

Pues bien, digamos prestos a Jesús lo que pasa. Hagámoslo en conversación de amistad; aquella que Jesús en su Pascua nos ofrece. Os invito hermanos a profundizar, desde el momento personal y provincial en el que nos encontramos, en este relato de Lucas. Lo haremos ‘en conversación’ y ‘en conversación de amistad’ con otros textos de la Sagrada Escritura, pero también con algunas expresiones culturales de antaño y de hoy. No podemos decirle a Jesús lo que pasa sin el soporte de lo que el ser humano ha formulado en pensamiento y expresado en sus manifestaciones literarias y artísticas. No debemos dilucidar la conversación de Emaús sin el conocimiento de lo que anida en el corazón humano. Quizás así la comprensión de la Escritura nos resulte más acorde al espíritu que anima nuestro ser, también de carne y hueso. En cualquier caso, ¡vamos a intentarlo!

Los ‘lazos’ de la amistad

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios de Jerusalén. ¿Cómo desentrañar los ‘lazos’ de la amistad cuando, al menos, dos van juntos de camino? ¿Qué podemos ‘decirle a Jesús’ cuando vamos de camino, juntos? La Provincia tiene que trabajar esta respuesta. En todo caso deberíamos poder ‘decirle a Jesús’ que la fraternidad amistosa cuando la ejercemos es capaz de unirnos y de aproximarnos. Porque los ‘lazos’ sirven en su uso cotidiano para adornar o para sujetar algo; expresan, al mismo tiempo, una relación que une en profundidad. No en vano la expresión ‘echar el lazo a alguien’ es ganar su voluntad, es conquistar a una persona que nos hace caso, que nos presta una atención especial. Todos estos ‘lazos’ cuando se vuelven ‘lazos’ de amistad tienen su decoro y su belleza, se fraguan en el camino de la vida, sobre todo cuando ese camino se recorre con otros en aras de un proyecto común de vida y misión.

El proyecto común genera, como sabemos, vínculos. Son conexiones que unen con la fuerza que nos proporciona estabilidad y permanencia. Cuando nos vinculamos a otros no dejamos de poner nuestra suerte en sus manos. Nuestra vida ya no nos pertenece del todo a nosotros mismos. Algo de los otros, al menos en aquello que nos vincula, está muy presente en la propia vida. Hemos emitido nuestra profesión religiosa entrecruzando nuestras manos. Nuestra vida está prendida en las manos de los otros, incluso en la de aquellos que nos han precedido, a los que hemos conocido y querido. Soltarnos de estos lazos es perdernos en nuestra vocación dominicana.

Ya la novelista italiana Susana Tamaro captó en su literatura algo de esto. En la novela que la lanzó a la fama internacional, traducida a más de 35 idiomas, Donde el corazón te lleve, acierta la autora a fijar la conversación de una abuela con su nieta cuando aquella comprende que ya le queda poco tiempo de vida; para escribir en otra de sus grandes novelas, Anima mundi, que la muerte no deja de ser una ‘especie de ficción, porque nunca se muere uno para siempre’. En ambas novelas la autora logra mostrar el valor existencial que tiene una conversación de amistad cuando se alcanza a vencer, incluso, ‘la ficción de la muerte’, por los lazos que vinculan a las personas. Así lo expresa ella misma, en todo caso, en una de sus entrevistas a periodistas inquietos por indagar en las razones de su éxito editorial.

Los ‘lazos’ de la amistad se establecen entre personas de bien hasta la muerte o incluso más allá de ella, como pueden ser los lazos que unen a una abuela con su nieta. Llamo ‘persona de bien’ no al que ha de ser perfecto, sino simplemente a aquel que vive bajo sensatez; en justicia y con piedad en este mundo, según lo permita nuestra condición mortal, conforme a las palabras de la Carta a Tito (2, 12). Si los vínculos entre las personas se viven acordes a la triple orientación ética que define Pablo en su carta, la amistad no correrá riesgo alguno de desviarse entre las personas de bien; lo cual, en sentido inverso, significa que deberá rechazarse y desterrarse con severidad, cualquier relación que omita de manera deliberada referirse a ese triple ‘límite’, como son el de la templanza para ser sensatos, el de la ecuanimidad para ser más justos, y el de la bondad para ejercer con más entereza la piedad.

La ‘amistad a resguardo’

Y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Cuando escuchamos a la gente hablarnos de sus relaciones interpersonales, de sus éxitos y fracasos, se pone de manifiesto con frecuencia algo que resulta peculiar y propio de las relaciones amistosas: las confidencias. La confidencia representa un dar algo más de sí en la relación. Transforma una relación humana en vínculo amistoso. Según esta percepción muy compartida en la relación de la amistad no basta con dar algo de lo que se tiene o algo de lo que se hace, sino que también se necesita dar algo de lo que se es. De esto se trata. La ‘amistad a resguardo’ tiene lugar cuando damos, al menos algo, de lo que somos. En esto consiste la confidencia hecha al buen amigo. Desde ella entramos en lo más sagrado de las relaciones humanas. Cuando alguien se entrega desde lo que es merece nuestra mejor admiración y respeto.

Cuánto he apreciado, a este propósito, las reflexiones de Laín Entralgo sobre ‘la ética de la amistad’ y que tan bien pronunciara ya en 1995 en las IV ‘Conferencias Aranguren’, organizadas por el Instituto de Filosofía del CSIC. Los universitarios de entonces, al escuchar tan magna exposición en un auditorio repleto de jóvenes, exclamaron ‘nos conoce bien, por eso logra hablarnos así’. He de reconocer que las reflexiones éticas de este médico-filósofo me persiguieron un tiempo y me educaron en la configuración de un pensamiento y de una cierta práctica de la amistad, a la hora de ir forjando este tipo de relación en mi propia persona. También he de decir que me sirvieron de contraste en la propia búsqueda espiritual del amor de amistad que Dios nos ofrece.

Los discípulos de Emaús comparten una experiencia común. Una experiencia de fracaso y decepción. Han de poner la amistad de la que hablo ‘a resguardo’. El relato de Emaús nos ayuda a precisar lo que se entiende por tal relación. Me baso, para ello, en las propias reflexiones de Laín Entralgo. La amistad no es sin más camaradería, ni fruto de la simpatía social, ni relación de tertulia, ni proximidad, ni enamoramiento. A nadie costará gran trabajo el advertir la diferencia entre ellas como formas de la relación interhumana. La amistad es ante todo una forma particular del amor en origen (in genere); entendido éste como sentimiento que mueve a procurar la perfección o el bien de una cosa, de una obra humana o de una persona. La amistad nos lleva, en último término, a convivir como propias la fruición, la perfección o el bien que una determinada acción haya deparado a la persona amada. Amistad, en definitiva, es una especificación del amor en su origen, en la cual la relación entre dos o más personas, en tanto que tales, se manifiesta en ‘comprender bien al amigo’; en un ‘decir o hablar siempre bien del amigo’; en un ‘hacer bien al amigo’; también, cómo no, en un llegar a ‘quererlo de verdad’, al convertirnos en confidentes y darse desde lo que cada uno es, como se ha expresado anteriormente.

Hermanos, hemos de ser valientes y ‘decirle a Jesús’ lo que somos. No tanto lo que hacemos, lo que tenemos, lo que proyectamos, lo que hemos logrado y lo que no. Él ya lo sabe. Quiere oír de nosotros, más bien, lo que somos. Este es el ‘resguardo’, la protección de amistad que Dios quiere. Una protección que requiere, al menos, los componentes éticos de la relación de amistad que nos sugería el propio Laín Entralgo.

La amistad que acompaña

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado. Nos dice Cicerón que la amistad no es otra cosa que la concordia total de pareceres sobre todas las cosas, tanto divinas como humanas. A esto se suman la benevolencia y el afecto. El mismo Cicerón cree que los dioses, exceptuada la sabiduría, no han hecho al hombre un regalo mejor. Por eso se preguntaba: ¿Qué vida merece ser vivida que no descanse en la mutua benevolencia de un amigo? ¿Qué es más dulce que tener a alguien con quien te atrevas a hablar de todo como contigo mismo? ¿Qué provecho tan grande habría en las ocasiones prósperas si no tuvieras a alguien que se alegrara por ellas tanto como tú mismo? Y constataba: sería difícil soportar las adversidades sin uno que las sintiera incluso más que uno mismo. La amistad, en cualquier parte en la que nos movamos, la encontramos siempre dispuesta. Nunca está de sobra, nunca es inoportuna, jamás es molesta. La amistad da mayor esplendor a la prosperidad y hace más ligeras las desgracias compartiéndolas y haciéndolas comunes.

Los discípulos conversaban y discutían entre sí poniendo en común su propia visión y vivencia de lo ocurrido. Se hace necesaria la presencia de un tercero que se acerque para objetivar el contraste. No obstante, hay un detalle importante: la conversación tiene lugar ‘de tú a tú’, en proximidad y al lado uno del otro, porque así es la conversación de la amistad. El Jesús resucitado que se acerca a ellos y se pone igualmente a su lado. No se coloca frente a ellos, se acerca a su lado, para escuchar mejor, para interpelar con cercanía, para fomentar el contraste fraterno. Jesús, con los suyos, incluso cuando los interpela, se pone a su lado. La felicitación pascual encuentra aquí uno de sus mejores sentidos. El resucitado no nos anula, ni pretende someternos, se pone discretamente a nuestro lado.

Que ilustrativo nos resulta esta actitud de Jesús mostrada en el relato. Jesús, con sus discípulos, adquiere el comportamiento de quien acompaña. Esta actitud no le resta su contraste y enfado si es necesario. Pero lo hace poniéndose al lado de los suyos, aunque algunas veces necesite acudir a la aspereza para reafirmarse en el bien que procura a los que acompaña durante el camino: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! Sin embargo, nosotros nos empeñamos algunas veces en ponernos de frente cuando algo de los otros no nos gusta o no aceptamos. Creemos que así vencemos al que situamos de frente como contrincante. También esto hemos ‘decirle a Jesús’.

En realidad, cuando nos ponemos de frente, denigramos al otro a condición de siervo. Una pérdida de energía y esfuerzo. Gesto inútil que ni construye ni ilumina. Ni contrasta ni ayuda. En la fraternidad nos ponemos unos al lado de los otros. Desde este gesto nos educamos en la escucha mutua y nos ayudamos mejor en el contraste. Lo que debamos decirnos, debemos hacerlo poniéndonos al lado, nunca de frente. En la fraternidad yo no encuentro otra pedagogía mejor que ésta. Además: no debemos olvidar que Jesús previamente, en su predicación, nos ha llamado amigos: no os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 15). Un discurso de Jesús en el que se nos anuncia cómo es la vida de fe y de amor de aquellos que permanecen, con lazos de amistad, en Jesús más allá de su muerte.

La amistad que se busca

Él les dijo: ¿De qué discutís por el camino? Ellos se pararon con aire entristecido. A tenor de la respuesta que los discípulos le dan a Jesús en los versículos que siguen se puede afirmar que habían hecho el esfuerzo de encontrarse en los acontecimientos que tuvieron lugar y que tanto los han entristecido. En palabras de Pascal podemos afirmar que más que profesar su fe, la lloran. Pero quizás la lágrima y el llanto sean signo de amor, el signo de aquellos que se aman. La conversación de amistad nos pone en esta situación de búsqueda, porque ‘ninguna lágrima debe perderse, ninguna muerte debe quedar sin resurrección’, afirma Lévinas. ¿No será que las lágrimas, y la tristeza que ellas provocan, son las primeras palabras de la verdad?

Efectivamente. La amistad entristecida ha de buscarse también en la Sagrada Escritura. Me he buscado en la Biblia y por todos los rincones he encontrado mis huellas, dice el poeta León Felipe en uno de sus versos. Algunos exégetas sugieren la posibilidad de acercarse a los relatos bíblicos para abordar la vida. La expresión religiosa narrada en la Sagrada Escritura es la raíz y el fundamento de nuestras huellas. Su hondura humana y riqueza espiritual nos ‘refleja como seres humanos’. Y lo hace hasta en nuestro comportamiento ético más básico para la vida comunitaria y fraterna.

Buscarse en la Biblia, según José Luis Elorza, es buscarse en una palabra que tiene muchos tonos. La palabra expresada en el Antiguo Testamento nos lleva a evocar el pasado en los relatos; a denunciar el presente, anunciar un futuro nuevo y alimentar la esperanza a pesar de todo, soñando con un futuro mejor en los profetas; a reflexionar sobre la existencia en los sabios; a orar la realidad en los salmos; a guiarse en la vida en los códigos de leyes y sus mandamientos. Pero la palabra de Jesús de Nazaret resuena con muchos sonidos porque invita, ofrece, anuncia, denuncia, promete, perdona, sana, inspira pautas de vida, interpela con sus gestos y hasta con su muerte. En fin, nos buscamos en la Sagrada Escritura porque pone en movimiento toda nuestra persona: memoria, corazón, imaginación, inteligencia que piensa y siente. En la palabra de unos y de otros, sus oyentes percibían la voz y el corazón, la presencia y la voluntad de Dios mismo.

Los frailes de la Provincia en no pocas ocasiones, doy fe de ello, hemos ejercido en nuestro ministerio pastoral y docente la conversación de amistad cuando nos hemos entregado y hemos dado poco o mucho de nosotros mismos a otros. Quizás lo hayamos logrado sin darnos cuenta cuando nos ‘hemos buscado en la Sagrada Escritura’. Sí, en cierto sentido nos hemos buscado en la Escritura, porque con mayor o menor intensidad la hemos estudiado, orado, proclamado y predicado. Medios de búsqueda a través de los cuales Dios nos ha encontrado.

En definitiva, los predicadores -‘amigos de Dios’- como les gustaba decir a algunos de nuestros frailes mayores, sabemos que la conversación de Emaús se vuelve Escritura para nosotros, especialmente cuando posibilitamos caminos a los que ‘van de camino’ y en búsqueda; consolamos a los que sufren y/o están tristes por cualquier motivo; acompañamos a los más débiles a la hora de ayudarlos a vencer sus fracasos y sus miedos; animamos a los desilusionados con nuevo espíritu, cuando no han orientado bien sus expectativas; ofrecemos más el alimento de Dios que nuestras propias fuerzas; reaccionamos en común, para levantamos mutuamente de nuevo y apoyarnos en el propio testimonio de vida. ‘Hemos de decirle esto también a Jesús’.

La amistad y sus expectativas

Nosotros esperábamos que sería Él que iba a librar a Israel: pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto sucedió. ¡Vaya!, la amistad y sus expectativas…

Durante el tiempo de cuaresma nos sorprendió una vez más la expresión cinematográfica con el estreno de la película María Magdalena. Una película dirigida por el director australiano Garth Davis. Este director, a través del personaje bíblico de la Magdalena, redescubierto más desde los fragmentos que se conservan del manuscrito copto, apócrifo y gnóstico, que de los evangelios canónicos, nos va presentando su propia mirada sobre la predicación y los milagros de Jesús. Los últimos días de la vida de Jesús son contados a través de los ojos de esta mujer, con los que el maestro había establecido unos vínculos especiales de amistad.

Uno de los manuscritos recoge el diálogo apócrifo que la Magdalena tiene con los discípulos de Jesús después de haber vivido el golpe de su muerte. En ese diálogo se recoge esta expresión en boca de Pedro: ‘De todas formas Él, al verla, la ha amado, sin duda”. Esta afirmación le sirve al director de la película para mostrar la singularidad de la Magdalena con respecto a los demás discípulos. Ella, en cualquier caso, es la primera anunciadora de la Resurrección del Señor. Si ella es la primera que anuncia el mensaje más importante de la fe cristiana es porque situó adecuadamente sus expectativas.

La conversación entre Jesús y María Magdalena es presentada por el cineasta casi más desde la mirada mutua, cinematográficamente filmada con intensidad, que desde la emisión de la palabra. Hay más diálogo denso de mirada que de palabra. Es quizás su modo de mirar el final del Señor el que genera sus propias expectativas, una perspectiva más acertada, según nos muestra el guion de la película. Por esta razón, la mirada se vuelve todo un ‘derroche’ de conversación, íntima, personal y reconfortante. Su conversación con el Señor nos permite, a su vez, percibir su modo de afrontar la muerte de alguien a quien ha llegado realmente a querer. En esto se distancia, quizás, de la forma de encarar la muerte de Jesús que tienen los propios discípulos. El director hace un esfuerzo, no siempre del todo logrado, por mostrar en la pantalla una lectura actual de lo que aquieta en la conversación de nuestros contemporáneos, de sus expectativas y miedos, incluso en la relación de amistad.

Comprendemos mejor la densidad de la conversación de amistad que la Magdalena tiene con Jesús teniendo en cuenta lo celebrado en Jueves y Viernes Santo. Los discípulos de Emaús, en su conversación, ponen de manifiesto que se están adentrando en el misterio de un amor que es fiel hasta la muerte, por eso es capaz de amar la historia personal de cada uno, como amó la historia personal de María Magdalena. Así decía uno de nuestros hermanos en la breve homilía del Viernes Santo y que sentidamente pronunció: al mirar a la cruz descubrimos que el amor total no es sólo la universalidad del amor de Dios a todos los hombres y mujeres sin ninguna distinción; sino que es a la total integridad del ser humano. Dios ama a cada uno de nuestros rincones, cada una de nuestras historias y quiere entrar en toda nuestra realidad para hacerla nueva en el amor. Nuestro hermano, con su palabra y su sentir predicados, consiguió que todo un templo abarrotado de fieles se identificara con el crucificado. De esta forma logró ‘decirle a Jesús’.

La amistad permanente

Entró, pues, y se quedó con ellos. La conversación de amistad llega para quedarse. No hay amistad más sublime que aquella que permanece más allá del tiempo, de la intensidad, de la proximidad y cercanía, porque quien ‘permanece en el amor de amistad permanece en Dios y Dios en él’, como así reza la primera carta de San Juan (Cf. 1 Jn 4, 16).

Me alegra constatar cómo las editoriales católicas y laicas españolas y latinoamericanas han ido traduciendo la sugerente obra del sacerdote suizo, seminarista en Friburgo, Maurice Zundel, fallecido ya en 1975. En 1972 Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de cuaresma. El Papa Montini quedó tan admirado de su persona y de su predicación que llegó a decir: con el padre Zundel hemos llegado realmente a la conversación de la amistad. Una amistad en la que el Señor nos ha reunido, como así nos hemos reconocido mutuamente al final de nuestro encuentro en retiro cuaresmal.

En palabras del Abbé Pierre decimos de sus escritos que con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto y ahí nos quedábamos. Este autor ha sido capaz de ‘decirle muchas cosas a Jesús’, especialmente en su obra póstuma: No habléis de Dios. Vivid en Él ¡Y que se os note! Todo un arte y una alegría de creer. Los fragmentos que se recogen del autor en este libro nos ayudan a ‘decir a Jesús’ y a reconocernos en el Evangelio. Preciosas y sugerentes reflexión para el momento presente.

En definitiva: ¿Qué es la amistad permanente sino el amor de Dios en nuestras vidas? ¿Qué es amar? ¿Qué ocurre cuando se ama? Cuando amamos somos en una relación con el otro. Y eso es Dios, en su misterio adorable, una corriente de relaciones, donde nada se apropia, donde se da todo, donde la personalidad es pura, total, eternamente una referencia a otro, una mirada hacia el otro.

La amistad que aúna voluntades

Entonces se le abrieron los ojos y le reconocieron. Los vínculos de la amistad se refuerzan en una experiencia de amor. Para Lucas y para nuestros coetáneos el amor de amistad encuentra en Dios su vínculo más fuerte, su fuente inagotable, su fundamento más seguro y su punto de referencia absoluto. Pero este vínculo de la amistad con Dios conlleva sus exigencias. Pide, al menos, el acuerdo de dos voluntades, la suya y la nuestra.

Benedicto XVI en su Carta Encíclica Deus Caritas est nos llegó a decir que la historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de Dios ya no es para mí algo extraño que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios está más dentro de mí que lo más íntimo mío (Deus Caritas est, n. 17).

Volviendo a los discípulos de Emaús... caminar juntos una distancia, por pequeña que esta sea, exige ciertos acuerdos básicos de voluntad también entre las personas. La expresión del Papa emérito bien la podemos considerar en las relaciones de amistad entre personas. El lazo más bello de la amistad, en este caso, estará en lograr ‘comunión de voluntades’. Un logro que requiere no pocos aprendizajes y no pocas dosis de maduración humana y espiritual, como así ya había expresado Elredo de Rieval cuando profundiza en el vínculo que existe entre la amistad y su fundamento en la conciencia: ‘el acuerdo de voluntades’.

Elredo de Rieval fue un monje cisterciense inglés del siglo XII. Su humanismo y su talento quedaron muy bien recogidos en sus escritos. Dos son los especialmente recomendables para el tema que nos ocupa: El espejo de la caridad, todo un estudio teológico sobre el amor y La amistad espiritual, un tratado sugerente sobre la amistad espiritual. Este último fue un texto muy leído durante la edad media en los noviciados cistercienses. Estas dos obras se complementan, de modo que no debemos leer la una sin la otra, ya que la primera trata de la virtud teologal en relación a Dios, mientras que la segunda desarrolla el amor humano que para Elredo se concreta en la amistad como camino de acceso al amor teologal. He de afirmar, al mismo tiempo, que ambas obras proliferan en la actualidad al haber aumentado mucho la demanda de su lectura por aquellos, creyentes o no, en su propio camino de Emaús al querer iniciar una búsqueda compartida con otros. Tanto los que escuchan nuestra predicación como aquellos más alejados de ella se acercan, sin embargo, a la lectura de este monje medieval. Buscan en sus escritos un arroyo en el que saciar su sed. ¡Los predicadores no podemos ignorar esta demanda cultural del momento! No la ignoremos. Si lo hacemos no consideramos como se merecen a los que buscan en su vida una conversación de amistad.

Retorno a Jerusalén

El relato de Emaús finaliza con esta alegría pascual: Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: ¡Es verdad!

¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón! Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. Hace mucho tiempo así fue cómo se sintieron los discípulos del Señor cuando vivieron lo que sucedió y ahora es como debemos sentir nosotros, porque lo que significó para ellos significa para nosotros. ¡Por favor!, ‘decidle a Jesús’ esto mismo.

¡Feliz Pascua de Resurrección!
Un abrazo,

Fr. Jesús Díaz Sariego, O.P.
Prior Provincial

martes, 3 de abril de 2018

LA EXPLOSIÓN DE LA VIDA DE JESÚS

Las primeras comunidades se unían para la misión evangelizadora que debían hacer entre sus compatriotas siguiendo el mandato misionero de Jesús, y eran apreciados por su clarividencia de palabras y obras, tenían sus mentes abiertas a la acción del Espíritu que les permitía  dialogar con diferentes culturas y distintas doctrinas filosóficas,hombres como eran, sentían una motivación ardiente por predicar a Jesucristo vencedor de la muerte y don para el creyente. Acogían sin prejuicios a  todo el que buscaba encontrarse con Jesús.

Habían un sector que buscaban fáciles aventuras que resultaban bastante peligrosas para los indecisos cristianos, les golpeaba la duda ante tantas corrientes espirituales que estaban ahí  en controversia.
Los creyentes alentados por el Evangelio de Dios, en medio de tantas adversidades no cesaban de proclamar la Palabra viva del Amor de Dios hecha realidad humana entre nosotros, de esa presencia que ellos a través de los discípulos les fortalecía y ponían sus esperanzas en esta Buena Noticia, que les anuncia una Reino de Amor y de Justicia para todos.

Maestros y profetas beben de la misma fuente común que les limpia y alimenta con ojos abiertos y con inteligencia interpretan la revelación divina de la Escrituras. Jesús de Nazaret es el centro, el contenido que da razón de ser a la Iglesia, al Nuevo Testamento, a toda nuestra vida cristiana.
Tenemos que reconocer que nuestro acceso a Jesús se da precisamente a través de la Iglesia, aunque después tú debes personalizar personal y comunitariamente hacia dentro de la Iglesia. Para nosotros los cristianos Jesús de Nazaret de la historia no es sólo Jesús, sino también es el Cristo de la fe.

Si no tenemos interés por conocerlo, conocer mejor la Iglesia puede ser que no sea de el gusto que te has imaginado de perfección, pero lucha para ser trasparente y fiel a su Señor. Los cristianos de las primeras comunidades y mucha gente hoy en día acometen este compromiso, desde una vida íntima con el Señor y es el Espíritu Santo quien  nos guía y nos lanza ya preparados a evangelizar. Ellos son referencia de fidelidad al mismo Evangelio que predicó Jesús, dándose y trasmitiendo la Buena Noticia que viene a compartir a que seamos luz en el mundo de hoy en situación de guerra.

La vida de muchos jóvenes vacía y carente de sentido, es una presa fácil, que se acostumbra a la "gratificación instantánea" busca respuestas sin necesidad de profundizar  en las causas, consecuencias o condiciones, basa sus relaciones  en su red social, sus amigos, sus actividades sociales, todas sus fiestas a sus gustos sin responsabilidad. Son definidos más bien por el embate feroz de los medios de comunicación.

No se sienten  considerados o asociado a las normas vigentes y no las valora, carecen de toda urdimbre afectiva. Por otra parte están los jóvenes creyentes que ilusionados y agradecidos por el don de la vida luchan y se asocian a los grupos de las parroquias o fraternidades laicales, viven despiertos de cara a toda realidad que es aventura, riesgo y caridad.
Vemos a adolescente inmaduros, educados con frecuencia por otros inmaduros, que marcan el perfil de la persona, sin ideas claras, sin voluntad para moverse con propia autonomía, sin capacidad de convivir ilusionados a pesar de dificultades y sin posibles buenos ejemplos dentro de la familia, y de la sociedad. 
Ayudarles a recuperar un camino limpio, devolverle el protagonismo que busca con libertad, sin esclavitudes, para que asuman la responsabilidad de vivir en el bien, en la belleza de Dios.

¿Qué  puede hacer una cofradía? Ofrecerles espacios donde ellos puedan convivir en la alegría del Evangelio: unos paseos, momentos de oración y escucha a sus interrogantes, unas pequeñas catequesis de lo que significa ser hermanos cofrades y sobre todo que se sientan acogidos con amor y caridad.

Ellos puedan ser también después testigos del amor de Dios, pueden dar testimonio de conocer bien su fe y sus obligaciones para responder en cada momento a los demás con la luz del Evangelio, pero si por el contrario desconocen el Evangelio, está apagada esa vela del amor y el conocimiento de las verdades que debe vivir para levantar al mundo hasta las cimas más altas del cristianismo en Europa. 
 "Educar a un joven no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía"
"Lo importante de la juventud no es cómo conservarla, sino cómo invertirla". Autor desconocido
Es una tarea que nos toca a todos con el ejemplo, con la palabra, con el apoyo permanente sin manipular sus criterios, dando razones sensatas que les llene el corazón de grandes sueños y él mismo será capaz de surcar los mares y volar sobre toda circunstancia por adversa que sea, con fe y esperanza en el bien obrar de cada día.

                         Sor María Pilar Cano Sánchez, O.P.
MM. Dominicas

lunes, 2 de abril de 2018

PAPA FRANCISCO REGINA COELI

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El lunes después de Pascua se llama "Lunes del Ángel", según una muy hermosa tradición que corresponde a las fuentes bíblicas sobre la Resurrección. De hecho, los Evangelios narran (ver Mt 28 : 1-10, Mc 16 : 1-7, Lc 24 : 1-12) que cuando las mujeres fueron al Sepulcro lo encontraron abierto. Temían que no pudieran entrar porque la tumba se había cerrado con una piedra grande. En cambio, estaba abierto; y desde dentro una voz les dice que Jesús no está allí, sino que ha resucitado.

Por primera vez, las palabras se pronuncian: " Él ha resucitado ". Los evangelistas nos dicen que este primer anuncio fue dado por ángeles , es decir, mensajeros de Dios. Hay un significado en esta presencia angelical: cómo anunciar la Encarnación de la Palabra era un ángel, Gabriel, así también para anunciar por primera vez la Resurrección no fue suficiente una palabra humana. Le tomó a un ser superior comunicar una realidad tan impactante, tan increíble, que tal vez ningún hombre se atrevería a pronunciarla. Después de este primer anuncio, la comunidad de discípulos comienza a repetir: "El Señor realmente ha resucitado. y se apareció a Simón "( Lk24,34). Este anuncio es bueno. Todos podemos decirlo juntos ahora: "El Señor verdaderamente ha resucitado". Este primer anuncio - "El Señor realmente ha resucitado" - requería una inteligencia superior a la humana.

Hoy es un día de celebración y convivencia que generalmente se vive con la familia. Es un día familiar. Después de haber celebrado la Pascua, sentimos la necesidad de reunirnos nuevamente con nuestros seres queridos y con amigos para festejar. Porque la fraternidades el fruto de la Pascua de Cristo que, con su muerte y resurrección, derrotó al pecado que separaba al hombre de Dios, al hombre de sí mismo, al hombre de sus hermanos. Pero sabemos que el pecado siempre se separa, siempre hace enemistades. Jesús ha roto el muro de división entre los hombres y ha restaurado la paz, comenzando a tejer la red de una nueva fraternidad. Es tan importante en nuestro tiempo redescubrir la fraternidad, tal como se vivió en las primeras comunidades cristianas. Redescubre cómo darle espacio a Jesús que nunca separa, siempre une. No puede haber una verdadera comunión y un compromiso con el bien común y la justicia social sin fraternidad y sin compartir. Sin el intercambio fraterno, no se puede crear una comunidad eclesial o civil: solo hay un grupo de individuos que se mueven o agrupan por sus propios intereses.

La Pascua de Cristo hizo estallar algo más en el mundo: la novedad del diálogo y de la relación , algo nuevo que se ha convertido en una responsabilidad para los cristianos. De hecho, Jesús dijo: "De esto sabrán todos que son mis discípulos; si se aman los unos a los otros" ( Jn.13,35). Es por eso que no podemos confinarnos en lo privado, en nuestro grupo, pero estamos llamados a cuidar el bien común, a cuidar a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y marginados. Solo la fraternidad puede garantizar una paz duradera, puede vencer la pobreza, puede extinguir las tensiones y las guerras, puede erradicar la corrupción y el crimen. El ángel que nos dice: "ha resucitado", nos ayuda a vivir la fraternidad y la novedad del diálogo y de la relación y la preocupación por el bien común.

La Virgen María, que en este tiempo de Pascua invocamos con el título de Reina del Cielo , nos sostienen con sus oraciones, para que la fraternidad y la comunión que experimentamos en estos días de Pascua, pueden llegar a ser nuestro modo de vida y el alma de nuestras relaciones .

Después del Regina Coeli:

Queridos hermanos y hermanas:

En el ambiente de Pascua que caracteriza el día de hoy, les saludo cordialmente a todos ustedes, familias, grupos parroquiales, asociaciones y peregrinos individuales, que han venido de Italia y de varias partes del mundo.

Deseo que cada uno de ustedes pase estos días de la Octava de Pascua en serenidad, en el cual se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo. Aproveche cada oportunidad para presenciar la paz del Señor resucitado especialmente con respecto a los más frágiles y desfavorecidos. En este sentido, deseo asegurar una oración especial para el Día Mundial de la Conciencia del Autismo , que se celebra hoy.

Invocamos el don de la paz para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren los conflictos en curso. En particular, renuevo mi llamamiento para que los secuestrados o injustamente privados de libertad sean liberados y regresen a sus hogares.

¡Feliz lunes de Pascua! Por favor no te olvides de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós y: "Verdaderamente el Señor ha resucitado".

ENCUENTRO

Algo que es vida de vida
cambiando, en mí está por dentro,
se muere esta vida mía
y otra nueva está naciendo.

Se han convertido en escombros
los castillos de otro tiempo.
Hay arrugas en árbol
porque el árbol se hace viejo.

Son más cortas las palabras
y  más largos los silencios.
Hago con calma el camino
y más pausados mis rezos.

Me sobran ya muchas cosas
y voy descargando peso.
Vivo en mis horas las urgencias
de repartir lo que tengo.

Me duele el surco vacío
y las heridas que he abierto,
el pecar de suficiencia
y el presumir de sincero.

Estoy limpiando la huerta
de hojarasca y de cieno.
Voy a sembrar de pinos,
de violetas y romero.

para aprender humildades
y el amor a los pequeño,
voy a sembrar unas matas
de violetas en el centro.

Para ser el "buen olor
de las gentes" el romero,
y los pinos cuando crezcan
me harán  mirar más al cielo.

Algo que es vida de Vida
cambiando en mí está por dentro...
¿Será ya la Primavera,
pasó, en verdad, el invierno?
¿Será una corazonada
o la Pascua del Encuentro?

domingo, 1 de abril de 2018

MENSAJE URBI ET ORBI DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PASCUA 2018

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!

Jesús ha resucitado de entre los muertos.
,
Junto con el canto del aleluya, resuena en la Iglesia y en todo el mundo, este mensaje: Jesús es el Señor, el Padre lo ha resucitado y él vive para siempre en medio de nosotros.

Jesús mismo había preanunciado su muerte y resurrección con la imagen del grano de trigo. Decía: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Y esto es lo que ha sucedido: Jesús, el grano de trigo sembrado por Dios en los surcos de la tierra, murió víctima del pecado del mundo, permaneció dos días en el sepulcro; pero en su muerte estaba presente toda la potencia del amor de Dios, que se liberó y se manifestó el tercer día, y que hoy celebramos: la Pascua de Cristo Señor.

Nosotros, cristianos, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda. Es la fuerza del grano de trigo, del amor que se humilla y se da hasta el final, y que renueva realmente el mundo. También hoy esta fuerza produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados —tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte—, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo.

Y, hoy, nosotros pedimos frutos de paz para el mundo entero, comenzando por la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin. Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados.

Invocamos frutos de reconciliación para Tierra Santa, que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos, para Yemen y para todo el Oriente Próximo, para que el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia. Que nuestros hermanos en Cristo, que sufren frecuentemente abusos y persecuciones, puedan ser testigos luminosos del Resucitado y de la victoria del bien sobre el mal.

Suplicamos en este día frutos de esperanza para cuantos anhelan una vida más digna, sobre todo en aquellas regiones del continente africano que sufren por el hambre, por conflictos endémicos y el terrorismo. Que la paz del Resucitado sane las heridas en Sudán del Sur: abra los corazones al diálogo y a la comprensión mutua. No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras y privadas del mínimo necesario para vivir.

Imploramos frutos de diálogo para la península coreana, para que las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación de la región. Que los que tienen responsabilidades directas actúen con sabiduría y discernimiento para promover el bien del pueblo coreano y construir relaciones de confianza en el seno de la comunidad internacional.

Pedimos frutos de paz para Ucrania, para que se fortalezcan los pasos en favor de la concordia y se faciliten las iniciativas humanitarias que necesita la población.

Suplicamos frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual —como han escrito sus Pastores— vive en una especie de «tierra extranjera» en su propio país. Para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria.

Traiga Cristo Resucitado frutos de vida nueva para los niños que, a causa de las guerras y el hambre, crecen sin esperanza, carentes de educación y de asistencia sanitaria; y también para los ancianos desechados por la cultura egoísta, que descarta a quien no es «productivo».

Invocamos frutos de sabiduría para los que en todo el mundo tienen responsabilidades políticas, para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos.

Queridos hermanos y hermanas:

También a nosotros, como a las mujeres que acudieron al sepulcro, van dirigidas estas palabras: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,5-6). La muerte, la soledad y el miedo ya no son la última palabra. Hay una palabra que va más allá y que solo Dios puede pronunciar: es la palabra de la Resurrección (cf. Juan Pablo II, Palabras al término del Vía Crucis, 18 abril 2003). Ella, con la fuerza del amor de Dios, «ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos» (Pregón pascual).

¡Feliz Pascua a todos!

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Domingo de Pascua.


Después de escuchar la Palabra de Dios, a este pasaje del Evangelio, tres cosas vienen a mí.

Primero: el anuncio . Hay un anuncio allí: el Señor ha resucitado. Ese anuncio de que desde los primeros tiempos de los cristianos pasó de boca en boca; fue el saludo: el Señor ha resucitado. Y las mujeres, que fueron a ungir en el cuerpo del Señor, se sorprendieron. Sorpresa ... Los anuncios de Dios son siempre sorpresas, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Es así desde el comienzo de la historia de la salvación, desde nuestro padre Abraham, Dios te sorprende: "Pero ve, vete, vete, deja tu tierra y vete". Y siempre hay una sorpresa tras otra. Dios no puede hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es lo que mueve tu corazón, que te toca allí mismo, donde no lo esperas. Para decirlo un poco con el lenguaje de los jóvenes: sorpresa es un golpe bajo; no lo esperas. Y Él va y te mueve. Primero: el anuncio hizo una sorpresa.

Segundo: la prisa. Las mujeres corren, se apresuran a decir: "¡Pero, encontramos esto!". Las sorpresas de Dios nos ponen en camino, de inmediato, sin esperar. Y entonces corren a ver. Y Peter y John corren. Los pastores, esa noche de Navidad, corren: "Vamos a Belén a ver lo que nos dijeron los ángeles". Y la mujer samaritana corre para decirle a su gente: "Esto es nuevo: encontré a un hombre que me contó todo lo que hice". Y la gente sabía las cosas que esto había hecho. Y esas personas, corre, deja lo que está haciendo, incluso el ama de casa deja las patatas en la olla - para encontrar quemado - pero lo importante es ir, correr, ver el anuncio sorpresa. Incluso hoy sucede. En nuestros vecindarios, en las aldeas cuando sucede algo extraordinario, la gente corre a ver. Vete de prisa. Andrea, no perdió tiempo y rápidamente fue donde Pedro para decirle: "Hemos encontrado al Mesías". Las sorpresas, las buenas noticias, siempre son así: de prisa. En el Evangelio hay uno que toma un tiempo; él no quiere arriesgarse. Pero el Señor es bueno, esperándolo con amor, es Tomás. "Lo creeré cuando vea las heridas", dice. Incluso el Señor tiene paciencia para aquellos que no van tan rápido.

El anuncio-sorpresa, la respuesta a toda prisa y el tercero que me gustaría contarles hoy es una pregunta: "¿Y a mí? Mi corazón está abierto a las sorpresas de Dios, puedo ir aprisa o siempre con ese canto: "Pero, ¿mañana veré, mañana, mañana?". ¿Cuál es la sorpresa para mí? Giovanni y Pietro corrieron a la tumba. Di Giovanni il Gangelo nos dice: "Believe". Incluso Pedro: "Cree", pero a su manera, con fe un poco mezclada con el remordimiento de haber negado al Señor. El anuncio sorprendió, el viaje fue rápido y la pregunta: "Y yo, hoy, en esta Pascua 2018, ¿qué estoy haciendo? ¿Qué estás haciendo?

RELATOS DE LA RESURRECCIÓN

Vamos a hablar solo de los relatos sobre la resurrección que nos transmiten los cuatro Evangelios. No abordamos ahora los textos sobre la Resurrección que aparecen por otros lugares del Nuevo Testamento.

Seis relatos
En los cuatro evangelios tenemos seis relatos distintos:
1.el de Marcos,
2.el del final largo de Marcos,
3.el de Mateo,
4.el de Lucas
5.el del capítulo 20 de san Juan,
6.el del capítulo 21 de san Juan
Cada uno de los Evangelistas enfoca el anuncio de la Resurrección de Jesús desde un punto de vista y una perspectiva completamente diferentes, Vayamos viéndolos uno por uno-

1.– El relato de Marcos 16,1-8
El Evangelista Marcos, que parece que es quien ha inventado el género literario llamado Evangelio es siempre desconcertante. Nos ha dejado un relato brevísimo del que no sabemos bien que pensar. Abarca un párrafo que contiene los siguientes
elementos:
Unas mujeres conocidas van a embalsamar al muerto
Es de noche y de día a la par
Empieza una semana
El sepulcro se suponía bien cerrado por una piedra muy pesada
Pero la piedra estaba retirada
En el sepulcro hay un joven vestido de blanco sentado a la derecha
El joven anuncia que Jesús ha resucitado
El joven da el encargo de que comuniquen a Pedro y a los discípulos que verán a Jesús en Galilea.
Las mujeres se comportan como quien ha tenido una visión divina: tienen temor y de primeras no hablan a nadie.

Aclaremos algunas cosas
¿Por qué dice que estaba oscuro y había salido el sol? Marcos nos tiene acostumbrados a utilizar las horas y los días con carácter simbólico. Es de noche porque no tienen fe todavía, pero ha salido el sol porque Jesús ha resucitado ya.

¿Por qué van las mujeres si saben que no pueden entrar
al sepulcro?
Las mujeres fueron testigos de la muerte y de la sepultura del Señor (15,40.47) Ahora son también testigos de su resurrección. La sepultura de Jesús, sin hacerle la unción había sido irregular , había que hacerle los ritos de la sepultura como se pudiera. Era un deber de piedad para con el difunto.

¿Quién es el joven?
Parece que el joven es el mismo Jesús. Marcos al principio de la pasión nos dijo: Un joven le seguía cubierto solo de una sábana y lo agarraron, pero él dejando la sábana se escapó desnudo (Mc 14,51s) Muchos han visto también en este joven una figura de Jesús. A Jesús le quitaron lo que le cubría pero el escapó vivo. Ahora ese joven viste de blanco, está divinizado, y está sentado a la derecha del Padre. Es joven porque empieza una vida nueva. Las mujeres buscan un crucificado y encuentran un resucitado.

¿Por qué tuvieron que ir a Galilea a ver a Jesús?
No tuvieron que ir a ninguna parte. Ir a Galilea es ir a donde empezó Jesús. Los discípulos vieron a Jesús reproduciendo su vida en medio de los gentiles. Nosotros estamos en Galilea y si vivimos como Jesús lo descubriremos vivo entre nosotros.

¿Por qué no cumplieron el encargo las mujeres?
El testimonio de unas mujeres no valía. El testimonio que vale es el de nuestro encuentro con Jesús en el Espíritu.

¿Por qué acaba tan desconcertantemente Marcos
su Evangelio?
“Porque ahí está el mensaje: en la apertura del relato al futuro. A una práctica truncada violentamente por el asesinato corresponde un relato incompleto, truncado por el miedo de las mujeres y por la huida de los discípulos; un tal relato se convierte en
llamada al lector para que se encargue de su proseguimiento, si se quiere saber de Jesús. Es inútil que se narre la experiencia pascual, porque esta no se da
válidamente más que en Galilea, en el seguimiento de Jesús pro-siguiendo su práctica. Y ahora Marcos, que ha hecho teología narrando, cambia de método y hace teología no narrando relatos de apariciones; al prescindir de ellos muestra que es posible prescindir de esa forma de expresión de fe pascual y remite al lugar y al modo como se tiene acceso a Jesús. Para eso ha escrito todo el relato, y para eso lo ha dejado inconcluso: para mostrar la práctica a proseguir, quién es al que hay que seguir y cuál es el camino a Galilea. (BRAVO GALLARDO Carlos,
Jesús hombre en conflicto. El relato de Marcos en América
Latina. (Sal Terrae) Santander 1986 pág.241 )
2.-El añadido de Marcos 16,9-20
El llamado final largo de Marcos (Mc 16,9-20) es un añadido posterior al Evangelio. ¿Por qué se añadió este trozo? Muchos no entendieron el relato de Marcos y compusieron diversos finales para completarlo pues creían que estaba inconcluso por accidente. Al final quedó este relato que, se reconoce como canónico y que resume
las apariciones narradas por los otros evangelistas de forma bastante coherente con la mentalidad de Marcos. Insiste principalmente en que la fe no es sólo fruto de la instrucción y que el Resucitado nos envía a continuar su tarea con fe y confianza.

3.– El relato de Mateo 28
El relato de Mateo parece que depende del relato de Marcos pero lo modifica profundamente:
Sólo van dos mujeres al sepulcro. No hacen falta más para dar testimonio
Unos guardias vigilan para que no roben el cuerpo. Nadie ha robado el cuerpo del              Señor
El joven se convierte en un ángel.
Hay una clara aparición de Jesús a las mujeres para que lleven a los discípulos el encargo de ir a Galilea
Como sucedió al morir Jesús se producen señales de que empieza un mundo    nuevo: ángeles que aparecen y un terremoto.
Las mujeres tienen miedo porque se dan cuenta de que han visto a Dios; pero también se llenan de alegría y cuentan lo que han visto Jesús en un monte de Galilea como nuevo Moisés, reúne a los discípulos y los envía a predicar por el mundo entero prometiéndoles su asistencia. Mateo parece que había comprendido bien el final de
Marcos pero se daba cuenta que mucha gente no lo iba a entender por eso hace explícito lo que en Marcos estaba envuelto en el misterio: Las mujeres son testigos de la resurrección, su miedo muestra que Jesús es Dios y hombre verdadero, ir a Galilea es ir al mundo entero a repetir la experiencia de Jesús. Pero añade algunos temas que le son especialmente queridos.

El primero es el más llamativo: la historia de los guardias. Mateo escribe en clara polémica con las autoridades judías. Los judíos habían difundido la historia del robo del cuerpo de Jesús. Los cristianos para contrarrestarla habían difundido esta historia de los guardias. Es como decirle a los judíos: Si vosotros sabéis que lo hemos robado es porque teníais allí quien lo viera y si lo vio ¿por qué nos dejó hacer?

El segundo es que al acabar el Evangelio, como al empezar Jesús está en un monte santo, como Moisés. Pero Jesús es más que Moisés: es Dios mismo que da la nueva Ley y que envía a los discípulos a continuar su tarea.

4.-El relato de Lucas
Lucas ha unido tres relatos: una historia del sepulcroel viaje de ida y vuelta de dos discípulos a Emaús la aparición en Jerusalén Es interesante notar que Lucas al ordenar los relatos ha establecido un proceso, que va desde el anuncio de la resurrección hasta el encuentro con el Señor en el seno de la comunidad, pasando
por un tiempo dedicado a comprender los hechos a partir de las Escrituras. Son los tres momentos de la evangelización: anuncio, catecumenado. iniciación cristiana.

Destaquemos algunas características
de este relato: Sólo coincide con los demás en la aparición a las mujeres pero no las
nombra hasta el .final del relato Se desarrolla como Juan 20 en Jerusalén y sus alrededores. Pone, como Juan, la muerte de Jesús la víspera de la Pascua (23,54) y no el día de la Pascua como hacen los sinópticos (incluido el mismo Lucas en el relato de la Pasión (Lc 22,7)) Es específica de Lucas la presentación de Jesús como nuevo Elías. Por eso es el único que narra la ascensión del Señor Otro interés en la obra de Lucas, este más difuso, es el de presentar a Jesús como el sacerdote que da la bendición al pueblo. Si al principio del Evangelio Zacarías, el A. T., no pudo dar la bendición en el templo por no creer el anuncio del ángel, ahora Jesús fuera del templo
da la bendición a los que creen en él. La obsesión por mostrar que son las Escrituras las que nos llevan a comprender la obra y la persona de Jesús hace que en la primera aparición sean los dos varones de la Transfiguración (Lc 9,30-31), Moisés y Elías, los que como resumen de toda la S.E.  dan la buena noticia

5.– El relato de Juan 20
Como Lucas Juan 20 centra su relato en Jerusalén y no habla para nada de Galilea. El primer relato de la aparición a las mujeres queda reducido a que María Magdalena ve el sepulcro abierto. En cambio se desarrolla mucho el relato de la visita al sepulcro de Pedro y el discípulo amado. Aquí no hay aparición pero el Discípulo amado vio y creyó. Los dos relatos siguientes: la aparición a la Magdalena y la aparición a los discípulos desarrollan el tema de la nueva creación de dos maneras diferentes. María,
la nueva comunidad, y Jesús, el hombre nuevo, son la nueva pareja inicial que en el huerto dan origen a la nueva humanidad por la fe en Cristo. En el Cenáculo la nueva humanidad nace del aliento de vida, el Espíritu de Dios, que Jesús, el Creador, pone
soplando en sus discípulos. De esta vida nacida del costado roto de Jesús, como de la costilla de Adán, nace la nueva comunidad que recibe el perdón y el poder de perdonar. A este perdón y a esta nueva vida no se llega por la pura visión física sino por la fe en la palabra de los testigos de la Resurrección: “Dichosos los que crean sin haber visto”. La nueva vida lleva con sigo un envío a continuar la tarea de Jesús. Todo acaba con la confesión de la divinidad de Jesús que hace Tomás: “Señor mío y Dios mío” que hace inclusión, o sea, que se corresponde con la afirmación del
Prólogo: “Y la Palabra era Dios”

6.- El relato de Juan 21
El capítulo 21 de Juan es un añadido o apéndice que se hizo pronto, tal vez por el último redactor, al Evangelio de Juan. Tiene dos relatos separados por algunas precisiones y frases que facilitan la unión entre ambos El primero nos habla de la pesca milagrosa que los discípulos realizan en Galilea cuando siguen las directrices
de Jesús. No basta estar en Galilea ni estar pescando, hay que hacerlo al modo de Jesús, sólo así podremos encontrarnos con el Resucitado.
El segundo nos habla de la misión de Pedro que nace de la triple confesión de amor a Jesús...Todo el capítulo 21 es de una belleza literaria que subyuga al lector.