martes, 5 de diciembre de 2017

Beato Pedro Geremia, O. P.

En Palermo, en Sicilia, beato Pedro Geremia, presbítero de la Orden de Predicadores, que, confirmado por san Vicente Ferrer en el ministerio de la palabra de Dios, se entregó del todo a la salvación de las almas (1452).Fecha de beatificación: El culto fue confirmado por el Papa Pío VI el 12 de mayo de 1784.El Beato Pedro Jeremia nació en Palermo (Italia), en 1399.

Estudió derecho en Bolonia y en 1424, en la víspera de su graduación, entró en un convento de la Orden Dominica.Fue novicio de San Antonio. Participó en la reforma espiritual de Orem y ayudó en la reforma del clero diocesano.Murió en 1452.

En Palermo, en Sicilia, beato Pedro Geremia, presbítero de la Orden de Predicadores, que, confirmado por san Vicente Ferrer en el ministerio de la palabra de Dios, se entregó por entero a la salvación de las almas.

Refieren a este santo: Beato Juan de Licio 

Pedro nació en 1399 de la noble familia de los Geremia, en Palermo, Sicilia. Creció lleno de gracia y modestia, y mostró desde pequeño un ingenio poco común. Enviado a la Universidad de Bolonia para estudiar Derecho, sobrepasó enseguida a sus pares. Pero mientras sus padres trazaban sus sueños de futuro para él, una terrible visión orientó para siempre a Pedro hacia otras metas: se le apareció un pariente suyo condenado, que en vida había ejercido la abogacía, y le dijo que, habiendo defendido tantas causas, no había podido encontrar para sí mismo un defensor ante el tribunal divino. Conmovido y tembloroso el joven estudiante, se postró ante Dios y le ofreció su virginidad, que por gracia había conservado. Y al poco tiempo se hizo dominico, era el 1429.

Los progresos en la virtud y en los estudios, en el convento dominico de Fiesole, fueron admirables. Bien pronto su inspirada palabra resonó en toda Italia. San Vicente Ferrer lo amaba con tierno afecto, y le aseguró, de parte de Dios, que su celo era muy agradable a la Divina Majestad. El maestro general Bartolomé Tesserio, después de haber dividido la provincia de Sicilia de la de Nápoles, le confió a Pedro la restauración d ela disciplina regular, en decadencia. Pedro se dedicó a esto con todo el ardor de un santo, y los frutos que obtuvo, más que con la palabra, fueron con el ejemplo y la oración.

El papa Eugenio IV lo convocó al Concilio de Florencia, para tratar la reunificación d los griegos con la Iglesia latina. Su palabra fue escuchada por todos los Padres Conciliares. A su muerte, ocurrida en Palermo, en el convento de Santa Zita el 3 de marzo de 1452 le fue encontrada en el costado una cadena que transportó por muchísimos años. El senado palermitano obtuvo en 1675 que Pedro fuese declarado copatrono de la ciudad. Su culto fue confirmado por el papa Pío VI el 12 de mayo de 1784; la Orden lo recuerda el 25 de octubre, aniversario de la declaración como copatrono de Palermo.

«El Daesh no es el verdadero problema en Siria e Irak»

El padre Jacques Mourad, nativo de Alepo (Siria), era párroco de Qaryatan, cerca de Palmira, y prior del monasterio de Mar Elian. Pertenece a la comunidad religiosa Al-Khalil (Amigo íntimo de Dios, un apelativo de Abraham). Su fundador, el italiano Paolo Dall’Oglio, fue secuestrado por los yihadistas en 2013. En mayo de 2015, fue el padre Jacques quien cayó en manos del Daesh. Ahora trabaja en el monasterio de su comunidad en Sulamainiya (Irak), atendiendo a cristianos desplazados desde la llanura de Nínive. Es el compromiso que asumieron los religiosos al comienzo de la guerra: estar cerca de la gente que sufre. Ha estado de visita en España compartiendo su testimonio
Antes de recibir a Alfa y Omega, el sacerdote sirio Jacques Mourad está reunido con los trabajadores de Ayuda a la Iglesia Necesitada. Quiere agradecerles su apoyo para que los cristianos no desaparezcan de Siria e Irak. Se despiden rezando, y él canta Nada te turbe en árabe. «Yo la conocía en español. Pero un día me desperté cantándola en mi lengua. Fue en una época de combate espiritual y dudas», durante su cautiverio en poder del Daesh entre mayo y octubre de 2015. Las palabras de santa Teresa le trajeron un gran consuelo.

Su comunidad religiosa está muy implicada en la relación con los musulmanes. ¿Ha cambiado su actitud hacia el diálogo desde su secuestro?

Estoy más convencido de ello. Es el único medio para llegar a una paz concreta y duradera. El diálogo nos permite conocernos. Y si no nos conocemos, ¿cómo vamos a ponernos de acuerdo, amarnos, desarrollar una amistad, colaborar? El verdadero diálogo solo necesita dos cosas: sinceridad y fe, ya sea cristiana, musulmana u otra.

El Daesh está prácticamente derrotado y estos días se celebran varios encuentros sobre el futuro de su país. ¿Es optimista?

No. Lo siento. El verdadero problema no es el Daesh, ni en Siria ni en Irak.

¿Cuál es, entonces?

Que esta región es un mercado de armas para rusos, turcos, israelíes, europeos… Y además están los intereses petrolíferos. Desgraciadamente, tenemos casi la garantía de un conflicto continuo, por el juego americano y ruso y la tensión entre Irán y Arabia Saudí, entre chiíes y suníes.

Los cristianos que han resistido en Irak y Siria son héroes. Han soportado mucho mal, y sus seres queridos han muerto o están en las cárceles del régimen. Después de la guerra y la destrucción sistemática del país muchos han perdido la esperanza de vivir allí. Bastantes se han ido a Europa, y algunos han muerto cruzando el mar. Otros muchos han huido al Líbano, pero allí los refugiados, en particular los cristianos, están bajo mucha presión; pocos los ayudan y bastantes los persiguen. Todo el mundo piensa que es el país de la libertad y la democracia, pero es un tablero de juego de los intereses de Arabia e Irán.

¿Cree necesaria la ayuda internacional dirigida específicamente a ellos y otras minorías?

Claro. La necesitan para resistir. El retorno de familias de la llanura de Nínive a sus pueblos, gracias al compromiso de organizaciones como ACN, es verdaderamente importante. Y no creo que las tensiones actuales entre el Gobierno iraquí y los kurdos lo pongan en riesgo. Pero la ayuda no puede ser solo humanitaria. Eso no es el interés de las minorías. Hace falta que Europa y la comunidad internacional trabajen en serio para parar esta guerra y todos los conflictos en la región. La seguridad no será real si no se resuelve el problema entre Israel y Palestina.

«Todo ha sido un milagro»
El padre Mourad pasó los primeros tres meses de su cautiverio encerrado, junto con un seminarista, en un cuarto de baño en Raqqa (bastión del Daesh). Sufrió amenazas, fue flagelado y llegaron a ponerle un cuchillo al cuello para torturarle psicológicamente. Este encierro tuvo un final chocante. «Un día vino un hombre y me dijo: “¿Tú eres baba Jacques, el padre Jacques? Ven, me han puesto la cabeza como un bombo preguntando por ti”». Lo llevaron a Palmira, donde los terroristas tenían secuestrados a la mitad de sus feligreses: ancianos, discapacitados, mujeres y niños que no habían logrado huir del Daesh. Conscientes de que su baba estaba secuestrado por el mismo grupo, los fieles habían insistido a sus captores para poder verle. «Son muy valientes y fieles, confían mucho en su fe».

El reencuentro fue emocionante, pero al sacerdote le dolió mucho «ver en esa situación a mis parroquianos, a los que quiero tanto». Al poco tiempo, los yihadistas les permitieron volver a Qaryatan, bajo una especie de arresto domiciliario y pagando un impuesto especial. «Fue una consolación poder celebrar Misa, escondidos en un sótano. No podíamos expresar nuestra fe delante de ellos. Pero pasábamos mucho tiempo rezando cada uno en su corazón, y conversando sobre la fe».

Dos meses después, el padre Mourad decidió organizar su huida y la de buena parte de los feligreses. Él escapó disfrazado y en moto, con un amigo musulmán. Dos años después, está convencido de que en toda esta peripecia «era la mano de Dios la que trabajaba. Todo ha sido un milagro».
María Martínez López

lunes, 4 de diciembre de 2017

La ong Sinjiya-ton recupera a niños de Bamako sin hogar

Una noche de diversión con varios compañeros de facultad suscitó en Mamadou Touré una inquietud por la situación de los niños de la calle en Bamako. Ahora recorre con su furgoneta las noches de la capital maliense en busca de chicos a los que ayudar.

La noche ya cubre la ciudad de Bamako, la capital de Malí, y Mamadou Touré ha salido, como hace regularmente, con su furgoneta Toyota blanca para dar una vuelta que se conoce de memoria. El primer lugar de visita son los alrededores de la estación de autobuses de Sogoniko, uno de los sitios más peligrosos en las noches bamakenses, pues es donde se intercambia la droga y las chicas jóvenes, muchas veces niñas, se prostituyen. Touré se para allí, con las ventanillas bajadas, sin titubeo alguno, mientras todo el mundo en la calle observa la furgoneta. Llama a uno de los chicos con el que habla unos minutos y se dirige a él por su nombre. Todos están bien, puede continuar. Más adelante, cerca de un bar nocturno, reconoce a una chica de unos 13 años. Vestimenta ajustada y maquillaje desmedido, se pasea por la zona a la espera de clientes. Intercambian también unas palabras. Touré señala con su mirada el cigarrillo que lleva en la mano, ella se lo da y él comprueba que no es más que tabaco. La lluvia interrumpe la conversación y la furgoneta prosigue su ruta en busca de niños que estén heridos, para procurarles primeros auxilios, así como para conversar con ellos y sobre su situación.


Mamadou Touré es el presidente y fundador de la asociación Sinjiya-ton. Se trata de una ONG maliense que acoge a los niños «con el objetivo de darles la oportunidad de salir de la calle y tener una vida normal, una formación profesional y que se conviertan en adultos autónomos y reinsertados en la sociedad», explica. Actualmente se hace cargo del alojamiento, la comida, la salud y la escolarización de 50 chavales, 22 de ellos niñas, pero atiende a una sesentena.

La historia de esta asociación comienza en una noche de fiesta cuando Touré era estudiante. Tras salir de la discoteca para volver a casa se cruzó por el camino con un niño de unos cinco o seis años. Le sorprendió que estuviera solo a las tres o cuatro de la mañana, así que se acercó y le preguntó qué hacía allí. El muchacho le dijo que tenía hambre, por lo que le invitó a comer pan con mayonesa, tortilla y un vaso de leche con chocolate. El chico se comió una parte y guardó el resto para su hermana pequeña. Buscaron a sus padres hasta en tres sitios diferentes y Touré quedó sorprendido por la cantidad de familias enteras que dormían en la calle. Cuando los encontraron, su padre no estaba inquieto, «no se preocupó por saber si yo era o no mala persona, qué había pasado y fue mi primera sorpresa», cuenta Touré. La segunda fue darse cuenta de que con tan solo 500 francos CFA (76 céntimos de euro) había alimentado a dos niños. «Sentí que había estado desperdiciando el dinero en la discoteca».

A raíz de aquello, reunió a varios compañeros de la carrera de Sociología que cursaba y comenzó a organizar actividades con niños de la calle, pero también con aquellos cuyos padres sufrían alguna discapacidad y, al estar al cuidado de estos, no tenían la posibilidad de ir a la escuela. ­Fútbol, juegos, alfabetización. «A los padres les gustó porque veían que los niños estaban contentos», recuerda. En 1997 le propusieron que declarara la asociación en el ayuntamiento para evitar realizar todo aquello de manera informal. Touré comenzó a pie con sus vueltas nocturnas en 1996; en 2005 las continuó en moto hasta que, en 2012, consiguió la furgoneta.

Cambio de orientación

La organización comenzó a cambiar de rumbo cuando en 2003 se dieron cuenta de que los niños de la calle huían al verle. Descubrieron que a muchos de los que habían propuesto acudir a los centros de acogida los trataban mal, «si se orinaban en la cama les pegaban, si decían palabrotas también. Eso les traumatizaba y, al asociarnos a eso, no querían tratar con nosotros», explica Touré. Decidió entonces que los acogería en su propia casa donde, además, tenía un albergue para turistas. En aquel momento le surgió otro problema, esta vez ético. ¿Cómo iba a mezclar a niñas que ejercían la prostitución en la calle y a niños que se movían en un ambiente de drogas y robaban con turistas? Tenía que elegir, o unos u otros. Y optó por los niños.

Touré con varios jóvenes. Fotografía: María Rodríguez
En Sinjiya-ton hay unas normas que todos los acogidos deben cumplir, como los horarios de irse a la cama o levantarse. Cuando ­Touré sale con su furgoneta hay niños a los que propone ir al centro. Les dice dónde está, cómo funciona, les deja pensar si les interesa, los vuelve a visitar para ver cómo se encuentran. Pero, «si no se sienten preparados no les obligo. Muchos tienen miedo de vivir en una estructura donde hay un reglamento», explica. Por eso, también hay muchos que, atraídos por la protección de vivir allí, aceptan pero luego deciden irse al no poder acostumbrarse a esa pérdida de libertades que sí tienen en la calle.

Prácticamente todos los niños y niñas tienen problemas psicológicos. «En la calle no se sabe lo que va a pasar a cada instante y se guían por el instinto de supervivencia», cuenta Touré, quien explica que los problemas que más observa en ellos son de comportamiento y de adaptación a las reglas y la rutina, pero también de ansiedad y baja autoestima, «hasta el punto de considerar que no valen nada».

Vivir en la calle no es fácil. Alimentarse, lavarse o buscar un lugar donde dormir se convierte en una odisea para los zagales. La organización maliense Samusocial Mali señala en su memoria anual de 2015 que «los abusos y la explotación sexual son muy poco referidos por los niños en las entrevistas, contrariamente a las observaciones de los profesionales que constatan que están en aumento».

Las situaciones más comunes arrancan de problemas familiares. En Malí, cuando un niño se escapa de casa, la policía no interviene para buscarlo y traerlo de vuelta. Esto solo ocurre si hay un problema con la ley. Así que, una vez que se encuentran en la calle se enfrentan a los peligros de la ciudad como si de una jungla se tratara.
Los niños optan por la mendicidad y reclaman a los viandantes y conductores, lata de tomate vacía en mano, algunas monedas poniendo cara de lástima y echándose la mano a la boca. Las niñas se dedican a la prostitución como principal actividad de supervivencia. Y, según Samusocial, solo un 14 por ciento se dedica al pequeño comercio, como la venta de pañuelos o chicles, o al lavado de los cristales de los vehículos durante los atascos o con los semáforos en rojo.

El Gobierno de Malí no tiene cifras oficiales sobre cuántos niños hay en las calles, no solo de Bamako, sino de todas las capitales regionales. Y en la Dirección Nacional para la Promoción del Niño y de la Familia, donde el presupuesto solo sirve para el funcionamiento de la misma, nos explican que «todo está mezclado», solo están recogidos los niños en situación difícil, sin distinguir si se encuentran o no en las calles. Touré estima que la cifra gira en torno a los 500 niños en Bamako y el Samusocial asistió a 413 menores en 2015 (239 chicos, 158 chicas y 16 bebés), de los cuales un 10 diez por ciento procedía de Costa de Marfil, Burkina Faso y Guinea. Samusocial advierte también de que el porcentaje de niñas en la calle aumenta desde 2013.

Las políticas puestas en marcha para solucionar este problema no dan resultado. No hace falta más que pasearse por la noche por la ciudad, donde duermen pequeños, ancianos y familias enteras, o acercarse al Centro de Acogida, Escucha y Orientación para Niños del distrito de Bamako, un pequeño espacio ruinoso, donde el suelo se levanta y hay rincones que huelen a orín, utilizado por algunos jóvenes para dormir. Es por ello que Touré, muy crítico con la inacción del Gobierno pretende desarrollar la organización para tener más casas donde albergar a los niños, permitirles una vida equilibrada y acudir a la escuela para que, en el futuro, se reinserten en la sociedad. Actualmente, tres chicos acogidos por Touré están estudiando Arte Dramático, Gestión y Contabilidad y Derecho en la universidad. Unos han formado su propia familia. Otros han encontrado un empleo.

Touré perdió a sus padres cuando era muy pequeño y, como él señala, si no fuera por la ayuda que recibió de los demás no sabe qué habría sido de su vida. El día que decidió ayudar a los niños de la calle de Bamako lo tenía claro, era la mejor manera de agradecer a aquellos que le ayudaron y con quienes se sentía en deuda.

Por María Rodríguez

domingo, 3 de diciembre de 2017

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

 Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy comenzamos el viaje de Adviento, que culminará en Navidad. Adviento es el tiempo que se nos da para dar la bienvenida al Señor que viene a nuestro encuentro, también para verificar nuestro deseo de Dios, mirar hacia adelante y prepararnos para el regreso de Cristo. Él regresará a nosotros en la fiesta de Navidad, cuando recordemos su llegada histórica en la humildad de la condición humana; pero viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos para "juzgar a los vivos y a los muertos". Para esto debemos estar siempre atentos y esperar al Señor con la esperanza de encontrarlo. La liturgia de hoy nos introduce precisamente en este tema evocativo de vigilancia y espera.

En el Evangelio (ver Marcos 13: 33-37), Jesús exhorta a prestar atención y mirar , a estar listo para darle la bienvenida en el momento de su regreso. Él nos dice: "Tenga cuidado, mire, porque no sabe cuándo es el momento [...]; asegúrate de que cuando vengas de repente, no te encuentres dormido "(versículos 33-36).

La persona que está prestando atención es la que, en medio del ruido del mundo, no se deja abrumar por la distracción o la superficialidad, sino que vive de manera plena y consciente, con una preocupación dirigida sobre todo a los demás . Con esta actitud tomamos conciencia de las lágrimas y las necesidades de los demás y también podemos comprender las capacidades y cualidades humanas y espirituales. La persona atenta también se vuelve hacia el mundo, tratando de contrastar la indiferencia y la crueldad presentes en ella, y regocijándose en los tesoros de la belleza que también existen y deben mantenerse. Se trata de tener una mirada de comprensión para reconocer tanto la miseria y la pobreza de los individuos y de la sociedad, como para reconocer la riqueza oculta en las cosas pequeñas de cada día, allí mismo donde el Señor nos ha colocado.

La persona vigilante es la que acoge la invitación a mirar, que no debe ser abrumada por el sueño del desaliento, la falta de esperanza, la desilusión; y al mismo tiempo rechaza la solicitud de las muchas vanidades de las que el mundo se desborda y detrás de las cuales, a veces, se sacrifican el tiempo personal y familiar y la serenidad. Es la experiencia dolorosa del pueblo de Israel, ha dicho el profeta Isaías, Dios parecía haber dejado su pueblo se alejan de sus formas (véase 63.17), pero esto fue el resultado de la infidelidad de la propia gente (cf. 64,4b ). Con demasiada frecuencia nos encontramos en esta situación de infidelidad al llamado del Señor: Él nos muestra el buen camino, el camino de la fe, el camino del amor, pero buscamos nuestra felicidad en otra parte.

Estar alerta y vigilante son las condiciones previas para no continuar "alejándose de los caminos del Señor", perdidos en nuestros pecados y en nuestras infidelidades; estar atentos y estar atentos son las condiciones para permitir que Dios rompa nuestra existencia, para restaurar el significado y el valor de su presencia llena de bondad y ternura. María Santísima, modelo a la espera de Dios e ícono de la vigilancia, guíanos a conocer a su hijo Jesús, reviviendo nuestro amor por él.

Después del Angelus

Queridos hermanos y hermanas

Esta noche volví del viaje apostólico a Myanmar y Bangladesh . Agradezco a todos los que me han acompañado con la oración, y los invito a unirse a mi acción de gracias al Señor, que me ha permitido conocer a esos pueblos, especialmente a las comunidades católicas, y ser edificada por su testimonio. El recuerdo de muchas caras probadas por la vida, pero nobles y sonrientes, está impresionado en mí. Los traigo a todos en mi corazón y en oración. ¡Muchas gracias a la gente de Myanmar y al pueblo de Bangladesh!

En mi oración, recuerdo especialmente al pueblo de Honduras, para que puedan superar el momento actual de dificultad de una manera pacífica.

Dirijo mi saludo a ustedes, romanos y peregrinos, aquí presentes. Saludo en particular a los fieles que vinieron de Bratislava (Eslovaquia) y Ludwigshafen en Alemania.

Saludo al grupo de Pregaziol (Treviso) y al joven cresimandi de Mestrino (Padua); así como a la comunidad rumana que vive en Italia y que hoy celebra la fiesta nacional de Rumania.

Les deseo a todos un buen domingo y un buen viaje de Adviento. Por favor, no te olvides de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós!

Iº Domingo de ADVIENTO (CICLO B)

Evangelio (Mc 13,33-37): En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!».

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Hoy, en este primer domingo de Adviento, la Iglesia comienza a recorrer un nuevo año litúrgico. Entramos, por tanto, en unos días de especial expectación, renovación y preparación.

Jesús advierte que ignoramos «cuándo será el momento» (Mc 13,33). Sí, en esta vida hay un momento decisivo. ¿Cuándo será? No lo sabemos. El Señor ni tan sólo quiso revelar el momento en que se habría de producir el final del mundo.

En fin, todo eso nos conduce hacia una actitud de expectación y de concienciación: «No sea que llegue (...) y os encuentre dormidos» (Mc 13,36). El tiempo en esta vida es tiempo para la entrega, para la maduración de nuestra capacidad de amar; no es un tiempo para el entretenimiento. Es un tiempo de “noviazgo” como preparación para el tiempo de las “bodas” en el más allá en comunión con Dios y con todos los santos.

Pero la vida es un constante comenzar y recomenzar. El hecho es que pasamos por muchos momentos decisivos: quizá cada día, cada hora y cada minuto han de convertirse en un tiempo decisivo. Muchos o pocos, pero —en definitiva— días, horas y minutos: es ahí, en el momento concreto, donde nos espera el Señor. «En la vida nuestra, en la vida de los cristianos, la conversión primera —este momento único, que cada uno recuerda y en el cual uno hizo claramente aquello que el Señor nos pide— es importante; pero todavía son más importantes, y más difíciles, las sucesivas conversiones» (San Josemaría).

En este tiempo litúrgico nos preparamos para celebrar el gran “advenimiento”: la venida de Nuestro Amo. “Navidad”, “Nativitas”: ¡ojalá que cada jornada de nuestra existencia sea un “nacimiento” a la vida de amor! Quizá resulte que hacer de nuestra vida una permanente “Navidad” sea la mejor manera de no dormir. ¡Nuestra Madre Santa María vela por nosotros!

viernes, 1 de diciembre de 2017

La historia de vocación y conversión contagiosa de Josim, de una zona tribal de Bangla Desh

Este viernes 1 de diciembre, a sus 30 años, Josim Murmu, de familia pobre tribal en Bangla Desh, será ordenado sacerdote católico por el Romano Pontífice, Su Santidad Francisco, Papa de la Iglesia Católica. 

Méritos (o quizá gracias de Dios) no le faltan y superan los de muchos misioneros: en cuatro años de evangelizador novato logró que se hiciera católico todo su pueblo, Pollibut, unas 800 personas.

Era un pueblo de religión tribal animista, con elementos hindúes. Josim ni siquiera era sacerdote. Ni de familia influyente: su padre es campesino, su madre cuida el hogar, con 4 hijos varones y tres mujeres. 

Las minorías tribales en un país musulmán
Bangla Desh tiene unos 163 millones de habitantes, de los que 9 de cada 10 son musulmanes, pero eso aún deja espacio para unos 15 millones de hindúes y una cantidad indeterminada de personas con religiones animistas tribales mezcladas con rasgos hindúes. En la diócesis de Dinajpur hay muchos lugares así, comunidades sin musulmanes apenas. 

Josim cuenta a la agencia misionera AsiaNews cómo conoció a Cristo. Él era un niño y pasó por allí un sacerdote franciscano, el padre Gerome. 

El origen de tantas vocaciones: "quiero ser como ese"
“Un día vino a verme y me dijo: ‘Josim, vamos a enseñar a esas personas’", cuenta. “Yo fui con él. Luego de seguirlo durante un tiempo, nació un deseo: ser como él”. El joven le preguntó al sacerdote cómo podía volverse cristiano, pero la respuesta lo sorprendió: “Lo primero que debes hacer es aprender”.

Josim estudió y rezó, y al cabo de un tiempo explicó a su familia que quería ser bautizado. Para su sorpresa, ellos no solo no se opusieron... sino que quisieron ser cristianos también. 

“Ellos estuvieron de acuerdo conmigo, aceptaron mi decisión. Y me dijeron que ellos también querían volverse cristianos. Así que toda mi familia se convirtió”.

Más adelante, otro sacerdote notó algo en el chico. “Él me llamó aparte y me dijo: ‘Josim, tú tienes un fuego que arde dentro de ti. No lo apagues’. El fuego que ardía era Cristo”.

Deseo de predicar y enseñar la Buena Nueva
El joven completó sus estudios universitarios (Bachelor of Arts) y decidió entrar en el seminario de Dinajpur. “Mi deseo era volverme sacerdote, enseñar a las personas, trabajar por ellos, predicar la Buena Noticia, que es Dios”.

Y así lo hacía ya como seminarista y diácono. Su ejemplo de vida y sus palabras fascinaron a sus paisanos, no al principio, pero sí más adelante.

“Al principio no nos aceptaban, estaban en contra de nosotros y no querían ayudarnos. Eran distintos, tenían muchas tradiciones de la religión hindú, como la adoración de los dioses y las ofrendas a las divinidades. A pesar de ser pobres, donaban lo que tenían [a las divinidades paganas]. Yo no sabía qué hacer, así que acudí a mi director espiritual. Y él me dijo: ‘No te preocupes. Vive tu vida, sigue tu decisión hasta el fondo. Ellos entenderán, y poco a poco, también cambiarán su vida”.

Pero Josim habla con pasión de su relación con Cristo... y eso debió ayudar a transformar a todo el poblado.

“Jesucristo vino por mí. Él es mi amigo, mi Dios, mi Creador", explica Josim de su fe. "Cuando Él vino a este mundo, enseñó a la gente, predicó a las personas. Él ha dado su vida por mí. Y ha venido a la tierra y me ha salvado de mis pecados, ha muerto para salvarme del pecado”. Con ese tipo de frases y con una buena vida, y el empuje del Espíritu Santo, todo su poblado se hizo cristiano.

Respeto a cada uno, predicar desde el testimonio
Josim continuará evangelizando. “Iré a testimoniar a Cristo, a predicar el Evangelio”. No lo hará  a los gritos. “Con respeto por la fe de cada uno, sea budista o musulmán, llevaré la Buena Noticia y seguiré el ejemplo del Papa Francisco de trabajar por los seres humanos. Serviré a mi pueblo en la parroquia del Sagrado Corazón en Suihari, donde seré asistente del párroco, el padre Gian Battista Zanchi [misionero italiano del PIME, nota de AsiaNews]. Amaré a mi gente, a los pobres e inválidos, a cristianos y a musulmanes”.

Este viernes 1 de diciembre será ordenado sacerdote con otros 15 compañeros, en una misa en el Suhrawardy Udyan Park, de manos del Papa Francisco y ante unas cien mil personas.

osim piensa con emoción en su familia y su padre enfermo. “A él le cuesta mucho caminar, pero igualmente vendrá. No puede faltar en el día más importante de mi vida”, cuenta.

SANTA MISA Y ORDENACIÓN SACERDOTAL,HOMILÍA DEL SANTO PADRE. Suhrawardy Udyan Park (Daca)

Queridos hermanos:

Ahora que estos hijos nuestros van a ser ordenados presbíteros, conviene considerar con atención a qué ministerio acceden en la Iglesia.

Como sabéis, hermanos, el Señor Jesús es el gran Sacerdote del Nuevo Testamento; aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido sacerdocio real en Cristo. Sin embargo, nuestro gran Sacerdote, Jesucristo, eligió a algunos discípulos para que en la Iglesia desempeñasen, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para bien de los hombres.

Él mismo, enviado por el Padre, envió, a su vez, a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio están llamados al servicio del pueblo de Dios.

Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados al sacerdocio en el Orden de los presbíteros, para hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como pueblo de Dios y templo santo.

A vosotros, queridos hijos, que vais a ser ordenados presbíteros, os incumbirá, en la parte que os corresponde, la función de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. Transmitid a todos la Palabra de Dios que habéis recibido con alegría. Y al meditar en la ley del Señor, procurad creer lo que leéis, enseñar lo que creéis y practicar lo que enseñáis. Que vuestra enseñanza sea alimento para el pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que con vuestra palabra y vuestro ejemplo se vaya edificando la casa, que es la Iglesia de Dios.

Os corresponderá también la función de santificar en Cristo. Por medio de vuestro ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.

Daos cuenta de lo que hacéis e imitad lo que conmemoráis, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, os esforcéis por hacer morir en vosotros el mal y procuréis caminar en una vida nueva.

Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo, al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el sacramento de la Penitencia, al dar a los enfermos el alivio del óleo santo, al celebrar los ritos sagrados, al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero, recordad que habéis sido escogidos de entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios.

Realizad, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el ministerio de Cristo Sacerdote, no buscando vuestro propio interés, sino el de Jesucristo.

Finalmente, al ejercer, en la parte que os corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esforzaos por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, podáis conducirlos al Padre. Tened siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino para que le sirvieran, sino para servir, y para buscar y salvar lo que estaba perdido.

Ahora deseo dirigirme a vosotros, queridos hermanos y hermanas que habéis venido a esta fiesta, a esta gran fiesta de Dios en la ordenación de estos hermanos sacerdotes. Sé que muchos de vosotros habéis venido desde lejos, viajando más de dos días… Gracias por vuestra generosidad. Esto demuestra el amor que tenéis a la Iglesia, esto indica el amor que vosotros tenéis a Jesucristo. Muchas gracias. Gracias por vuestra generosidad, muchas gracias por vuestra fidelidad. Seguid adelante con el espíritu de las Bienaventuranzas. Y os pido a vosotros, hoy os ruego: rezad siempre por vuestros sacerdotes, especialmente por los que hoy recibirán el sacramento de la Ordenación. El pueblo de Dios sostiene a los sacerdotes con la oración. Es vuestra responsabilidad apoyar los sacerdotes. Alguno entre ustedes se puede preguntar: «Pero, ¿cómo se hace para sostener a un sacerdote?». Confiad en vuestra generosidad. El corazón generoso que vosotros tenéis os dirá cómo sostener a los sacerdotes. Pero el primer apoyo del sacerdote es la oración. El pueblo de Dios —es decir, todos— apoya al sacerdote con la oración. No os canséis jamás de rezar por vuestros sacerdotes. Yo sé que lo haréis. Muchas gracias. Y ahora seguimos el rito de la Ordenación de estos diáconos que serán vuestros sacerdotes. Gracias.