lunes, 4 de septiembre de 2017

Aniversario de los amigos y bienhechores difuntos

Celebración en agradecimiento por los amigos y bienhechores difuntos de la Orden de Predicadores, por la amistad y ayuda preciosas de tantas personas que nos acompañan en nuestra tarea evangélica con su amistad y con sus bienes

La pobreza evangélica querida por nuestro Padre santo Domingo como salvaguarda de la predicación de la Orden, hace que debamos contar con la amistad y ayuda preciosas de tantas personas que nos acompañan en nuestra tarea evangélica con su amistad y con sus bienes. A todos ellos queremos recordar con agradecimiento en este aniversario, mediante esta celebración en la que reunimos a nuestros amigos y bienhechores difuntos, que por diversos motivos estuvieron unidos con la Orden.

Ofrecemos las preces y la oración de vísperas de ester día, tomados del Breviario de la Orden de Predicadores:

Preces:
Roguemos con fervor a Dios, Padre de la misericordia, que nos ha unido en su siervo Domingo en nuestra santa vocación, en favor de nuestros hermanos y bienhechores, diciendo:
Dios, refugio nuestro, escúchanos.

Tú, Señor, has querido que tu siervo Domingo experimentase la dulzura de la unión contigo y con sus frailes en la vida apostólica,
- confírmanos en nuestra vocación, para que reinando la caridad entre nosotros, nos impulse a la comunión y a la caridad con todos los creyentes en Cristo.
Tú que dijiste: « Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura»,
- haz que por nuestra oración y ministerio sean fortalecidos los hombres para que puedan buscar la luz de la verdad y renacer a la vida nueva con Cristo.
Tú que llamas a todos los miembros de la Familia dominicana a dar testimonio del Evangelio y los congregas para la edificación de tu pueblo,
- guárdalos a todos en tu santo amor y dirígelos a la luz de tu verdad.
Tú que dijiste « Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré»,
- fortalece el corazón de los que se asocian a nuestra oración y de cuantos nos han pedido rezar por ellos.
Tú Señor, estás lleno de misericordia para con los que te invocan de corazón,
- imploramos suplicantes tu perdón por los frailes y hermanas, y por nuestros allegados, amigos y bienhechores difuntos.
Acordándonos de nuestra santa e inmaculada Señora, la gloriosa Madre de Dios y siempre Virgen María, de santo Domingo y de todos los santos de nuestra Orden y pidiéndoles su protección, encomendemos a Dios nuestra vida y la de los demás: Padre nuestro.

Oración
Oh Dios, que infundiste los dones de la caridad mediante la gracia del Espíritu Santo en los corazones de tus fieles, concede a estos hijos tuyos, para los que imploramos tu clemencia, la salud de alma y cuerpo para que te amen con todas sus fuerzas y cumplan con amor entero lo que te agrada. Por Jesucristo nuestro Señor.

BEATA CATALINA DE RACCONIGI, O.P (1486 - 1547)

Catalina Mattei nace en racconigi (Piamonte) en 1486 en una familia de artesanos y ella misma fue tejedora. Su vida tiene un gran paralelismo con la de Catalina de Siena; como ella hace voto de virginidad a los trece años y entra más tarde en la Orden Seglar Dominicana; como ella se distingue por un ardiente amor a Cristo y a la salvación de las almas.

Sufrió dolores fortísimos en su cuerpo y tuvo los estigmas de la Pasión del Señor. Pero más grave aún fue el sufrimiento moral de sentirse gravemente calumniada y rechazada, incluso por sus mismos hermanos dominicos. Solía repetir: «Jesús es mi única esperanza.» También ella, como Catalina de Siena, luchó por llevar la paz a su ciudad y por el bien de la Iglesia y por ella ofreció su vida, muriendo fuera Racconigi, en Caramagna, donde se había refugiado a causa de la persecución motivada por las calumnias, el 4 de septiembre de 1547. Quiso que su cuerpo fuera enterrado en la iglesia de los dominicos en garessio (Cúneo) donde se encuentra actualmente, en la que hoy es iglesia parroquial. Su culto litúrgico fue confirmado por Pío VII el 9 de abril de 1808. Se celebra el día 4 de Septiembre

domingo, 3 de septiembre de 2017

El cardenal Osoro pide «cuidar, utilizar y compartir el agua, un bien escaso que es de todos»

Convocadas por el Arzobispado de Madrid y la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal, varios centenares de personas se han juntado este sábado, 2 de septiembre, en la Casa de Campo para celebrar la segunda oración ecuménica por el cuidado de la creación, en esta ocasión con la mirada puesta en la tarea de ser custodios del agua.

En su pequeña motivación, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha destacado que «en el relato de la Creación ya tiene una importancia fundamental el agua» y que, además de sus numerosos «significados culturales y religiosos» –como «la entrada en la vida nueva de Jesucristo» a través del Bautismo en el caso de los cristianos–, es «un factor de desarrollo esencial», pues su presencia es importante para la salud, la agricultura, la industria…

«En el compromiso de dar al agua el puesto que le corresponde, hemos de suscitar una cultura del cuidado y de la custodia primorosa de los bienes comunes y fomentar la cultura del encuentro en la que todas las personas hagamos causa común. El grito de los sedientos –“Tuve sed y me distéis de beber”–, que son sacramento de Cristo, se une al clamor de la tierra y a la voluntad de Dios, que nos invita a cuidar, utilizar y compartir este bien escaso, que es de todos», ha asegurado.

Citando al Papa Francisco, el purpurado ha recordado que «en el mundo creado por Dios todo está conectado» y ha mostrado su preocupación no solo por «el grave problema de la escasez del agua», sino también por «la contaminación de la atmósfera y cambio climático» y «la gradual pérdida de la biodiversidad». «Convirtamos la tierra en un lugar habitable. Los cristianos tenemos la certeza de que Dios no nos abandona en este empeño ecuménico de custodiar el agua y asegurar su acceso universal», ha aseverado.

Con el cardenal Osoro han concelebrado el arzobispo siro-ortodoxo, monseñor Nicolaos Matti; el padre Macario en representación del obispo ortodoxo rumano, monseñor Timotei, y el archimandrita padre Demetrio en representación del metropolita monseñor Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla.

Durante toda la oración, amenizada con música del grupo Siquem, han sido constantes las muestras de ese «empeño ecuménico de custodiar el agua». Uno de los momentos centrales ha estado protagonizado por un grupo de scouts católicos, que ha ido llevando cuencos de agua al altar mientras, a través de la megafonía, se oían frases como «1.000 millones de personas no tienen agua», «el ciclo del agua y el de la vida son uno» o «hay lugares en los que un barril de agua cuesta más que un barril de petróleo». Esa agua ha sido bendecida después y asperjada entre los asistentes.

«El universo no existe por azar, es la manifestación amorosa de Dios»

La celebración de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, instaurada por el Papa en 2015, había arrancado unas horas antes con una mesa redonda en el colegio Cristo Rey [disponible en el canal de YouTube del Arzobispado]. En ella, el archimandrita padre Demetrio ha subrayado que, para los creyentes, el cuidado del agua es «una cuestión de fe». «El universo no existe por azar, es la manifestación amorosa de Dios. Y vemos el terrible daño que se hace al medio ambiente como resultado del pecado, también de nuestro pecado personal», ha destacado, para luego incidir en que, como Iglesia, tenemos que levantar la voz para advertir «la dimensión real de los peligros que nos amenazan».

En primer lugar, ha explicado, «podemos contribuir en la formación de la conciencia social ecológica». También «debiéramos prestar nuestro apoyo a las víctimas de la crisis ecológica». Y por último, hay que dar «testimonio personal». «El estilo de vida del cristiano debiera ser un anticipo de lo que puede ser el estilo de vida de toda la sociedad. […] Podemos llevar un tren de vida más sencillo, librándonos del apremio del consumo», ha añadido.



Junto a él, la expresidenta de Manos Unidas Soledad Suárez ha recordado que el agua es «un elemento indispensable para la vida, para el desarrollo de los pueblos y un derecho humano que se reconoció en 2010, un poco tarde». Hoy, ha continuado, «donde hay pobreza se va a dar la escasez o la mala calidad del agua», por lo que «el cuidado del agua es imprescindible en la lucha contra el hambre». «No la tratamos con el debido respeto: se sobreexplota, se contamina, se negocia con ella como si fuera una mercancía… Y al actuar así estamos haciendo lo mismo a las personas que viven alrededor de esa agua», ha abundado.

Por su parte, el director del Observatorio del Agua – Fundación Botín, Alberto Garrido, ha afirmado que los mayores retos a la hora de gestionar el agua en España son «repartir el agua entre todas las funciones que tiene» aprovechando las buenas infraestructuras y la legislación existentes, y mejorar su calidad pues, según sus propios estudios en ríos, va empeorando sobremanera al pasar por las zonas llanas y poblaciones. Estos problemas «se acentúan» más allá de España, ha detallado, poniendo el foco en la cantidad de agua que requiere la agricultura.

Preguntado por cómo reducir el consumo de agua, Garrido ha enumerado algunas cosas que él hace día a día: no esperar a que el agua se caliente para meterse en la ducha; comer menos carne; no tirar grasa por el fregadero, limpiando con papel la sartén antes de lavarla; jamás tirar la comida, o «educar a las personas con las que convivimos, especialmente a los niños».

En este sentido, la experta en custodia del territorio Amaya Sánchez, de la Asociación Territorios Vivos, ha apostado por la «seducción ambiental»: cuando uno se enamora de algo, lo cuida, y por ello es clave acercar la naturaleza a la gente. Ella, por ejemplo, acompaña a familias al río para que «aprendan a medir la calidad del agua», con indicadores sencillos como la presencia de «bichos asquerosos», agua turbia o «determinados árboles en la ribera».

ÁNGELUS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

Evangelio (cf. actual  Mt 16.21 a 27) es la continuación de que el pasado domingo, en la que se destacó la profesión de fe de Pedro, la "roca" sobre la que Jesús quiere construir su Iglesia. Hoy en día, en marcado contraste, Mateo nos muestra la reacción del mismo Pedro cuando Jesús revela a los discípulos en Jerusalén sufriría, ser muerto, resucitado (ver v. 21). Peter toma el Maestro margen y lo regaña por esto - dice - no puede pasar a él, a Cristo. Pero Jesús, por su parte, culpa a las duras palabras de Pedro: "Go 'detrás de mí, Satanás! Usted es un obstáculo, porque pensamientos no son los de Dios, sino de los hombres "(v. 23). Un momento antes, el apóstol fue bendecida por el Padre, porque él había recibido de él la revelación, fue una "roca" sólida porque Jesús podría apoyarse en su comunidad; e inmediatamente se convierte en un obstáculo, una piedra, pero no para construir, en un obstáculo en el camino del Mesías. Jesús sabe que Pedro y los otros todavía tienen un largo camino por recorrer para ser sus apóstoles!

En ese momento, el Maestro se dirige a todos los que le siguieron, presentándolos claramente el camino a seguir: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (v. 24) . Sin embargo, aún hoy en día, la tentación es querer seguir a un Cristo sin cruz, más bien, para enseñar a Dios de la manera correcta; como Pedro: "No, no señor, no, nunca sucederá." Pero Jesús nos recuerda que su camino es el camino del amor, y no hay verdadero amor sin sacrificio personal. Estamos llamados a dejar a absorber la visión de este mundo, pero para ser cada vez más conscientes de la necesidad y la dificultad para los cristianos a caminar contra la corriente y cuesta arriba.

Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre es válido, porque desafían la mentalidad y el comportamiento centrado en sí mismo. Se insta: "El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará "(v. 25). Esta paradoja se contiene la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana, creada en Cristo: la regla de que sólo el amor da sentido y felicidad a la vida. Pasar sus talentos, sus energías y su tiempo sólo para ahorrar, preservar y dar a sí mismos, en realidad conduce a la perdida, es decir, una existencia triste y estéril. En su lugar, para el Señor vivimos, y nos pusimos nuestras vidas en el amor, como lo hizo Jesús: podemos saborear la alegría auténtica, y nuestra vida no será estéril, será fructífera.

En la celebración de la Eucaristía nos hace revivir el misterio de la cruz; no sólo recordamos, pero hacemos el memorial del sacrificio redentor, en el que el Hijo de Dios pierde por completo a recibir de nuevo por el Padre, y así nos encontramos con que nos habíamos perdido, junto con todas las criaturas. Cada vez que participamos en la Santa Misa, el amor de Cristo crucificado y resucitado se comunica a nosotros como alimento y bebida, porque lo podemos seguir en el camino de todos los días, en el servicio concreto de los demás.

María santísima, que siguió a Jesús hasta el Calvario, acompañado también nosotros y nos ayude a no tener miedo de la cruz, pero con Jesús clavado, no una cruz sin Jesús, la cruz con Jesús, es decir, a sufrir la cruz por amor de Dios y hermanos, de nuestros dolores, por la gracia de Cristo, es fructífera resurrección.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

como renuevo mi cercanía espiritual a los pueblos de Asia del Sur, que aún sufren las consecuencias de las inundaciones, también deseo expresar mi profunda solidaridad con el sufrimiento de la gente de Texas y Luisiana afectadas por un huracán y las lluvias excepcionales, que ocasionó víctimas miles de personas desplazadas y daños a la propiedad. Me pregunto María, consuelo de los afligidos, para obtener del Señor la gracia de consuelo a estos hermanos y hermanas más agitadas.

Saludo a todos ustedes, cari pellegrini de varios países y de Italia. En particular, los peregrinos de las parroquias de Sarmede, Anzano y Capilla Mayor de la diócesis de Vittorio Veneto, los fieles de las Islas Canarias, toda la banda del cuerpo Pontevico, confirmaron miembros de Mariano al Brembo, Padria y Prevelly, chicos Chizzola, Cagliari y Bellagio. Y quiero dar las gracias a usted, que usted me desea un buen viaje. Gracias, gracias!

Les deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no se olvide de rezar por mí. Buena comida y adiós!

sábado, 2 de septiembre de 2017

Predicar, estudiar y fundar conventos ‘El Pentecostés dominicano’

Carta del prior provincial, Fr. Jesús Díaz Sariego, dirigida a los frailes de la Provincia con motivo de la celebración de Pentecostés de 2017

   El pensamiento no accede a la afirmación de Dios por su solo poder, sino por su docilidad a la luz divina recibida y acogida como un don. (Cf. Joseph Rassam, filósofo)

  Llegado el mes de septiembre los frailes de la Provincia de Hispania en España, en el Vicariato Pedro de Córdoba, en Malabo y en Caracas nos disponemos a iniciar las tareas apostólicas del nuevo curso. Nuestros hermanos del Vicariato Antón Montesino continúan sus trabajos sumergidos aún en el invierno del hemisferio sur. El 30 de agosto tendrá lugar la integración del Vicariato Santa Rosa de Lima en la Provincia San Juan Bautista, en el Perú. No puedo dejar pasar esta ocasión para expresar, en nombre de la Provincia, un agradecimiento fraterno a todos los misioneros en la Selva Amazónica peruana. Vaya por delante nuestro homenaje y reconocimiento, tanto a los que aún están entre nosotros como a los que nos han precedido y ya gozan de Dios para siempre. La presencia de los frailes en el Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado durante más de cien años se vuelve para la Provincia de Hispania gratitud y estímulo misionero.

  Desde el inicio del provincialato me propuse compartir con el conjunto de los frailes de la Provincia las pertinentes reflexiones teologales que el devenir provincial nos pueda suscitar. Las quiero expresamente relacionar con las experiencias más primigenias de la fe que profesamos. Éstas se circunscriben a la celebración y reflexión de los tres misterios principales que recorren la vida de Dios con nosotros: el misterio de nacer (la encarnación de Dios en Jesucristo); el misterio de morir (la pascua del Señor); y el misterio de la donación y la alegría de la entrega (el pentecostés de los discípulos de Jesús). Tres experiencias de fe que no pueden ni deben, desde mi punto de vista, pasar desapercibidas en el momento provincial en el que nos encontramos. Esta ha sido la razón de mis dos cartas anteriores y lo que justifica la que ahora escribo con motivo de un nuevo curso.

  Os invito a considerar el gesto de Domingo cuando toma la decisión de dispersar a los primeros frailes con una clara finalidad: ‘Predicar, estudiar y fundar conventos’. Pretendo ahondar en el dinamismo vital del Espíritu y en la alegría que proporciona este ‘Pentecostés dominicano’. En él encontramos un trasfondo espiritual nada desdeñable para animar el presente y futuro de la provincia.

El Pentecostés dominicano

  Regresado de Roma a Tolosa, tras haber conseguido la confirmación de la Orden por Honorio III, Domingo toma la valiente y arriesgada decisión de dispersar a los frailes que habitaban en la iglesia de San Román, donde ya habían construido un convento. Jordán de Sajonia escribe que Domingo habiendo invocado al Espíritu Santo y reunido a todos los frailes, les dijo que había decidido en lo íntimo de su corazón enviarlos a todos por el mundo, aunque era pocos. En lo sucesivo ya no morirían allí juntos. Para añadir de aquellos frailes, que se admiraron al manifestarles decisión tan categórica, fraguada con tal rapidez. Pero como les animaba una indudable sumisión a la autoridad que le daba su vida santa, asintieron con mayor facilidad, confiando en que todo conduciría a buen fin’. Constantino de Orvieto añade en su relato la convicción expresada por Domingo de que la semilla esparcida fructifica, amontonada se pudre. El envío tuvo lugar probablemente desde Prulla el 15 de agosto de 2017. La decisión no fue aceptada fácilmente. Los historiadores nos recuerdan que algunos se resistieron bastante a su propósito. De esta dispersión habló fray Juan de Navarra, uno de los implicados y también reticente a semejante medida. Aseguraba, además, que tampoco lo vieron bien algunas autoridades civiles y eclesiásticas y a las que Domingo tuvo que responder: no os opongáis, sé bien lo que hago.

  Este gesto ha pasado a denominarse el ‘Pentecostés dominicano’. Cumplidos 800 años de aquella primera dispersión de los frailes quiero haceros partícipes de la reflexión teologal que tal acontecimiento me sugiere. El año jubilar fue ocasión para dar gracias a Dios por la confianza depositada en la familia de los predicadores durante ocho siglos, pero también nos brindó la oportunidad de asumir de forma renovada el compromiso con el Evangelio. El retorno a los orígenes nos hizo caer en la cuenta de la continuidad de los predicadores a lo largo de una historia compleja con luces y sombras. Pero también nos hizo más conscientes de una fidelidad al don recibido en la Orden que no se improvisa, ya que requiere la lectura reposada de los valores más estables. El ‘Pentecostés dominicano’ es uno de los signos permanentes de Domingo porque asegura, esta es mi convicción, el futuro de la predicación.

  Domingo, antes de dispersar a los frailes allí reunidos, invoca al Espíritu Santo. La experiencia de Pentecostés está muy presente en su nuevo proyecto apostólico. Una conclusión importante podemos deducir de esta decisión: si la vida de los frailes – también de cada uno de los frailes de Hispania- está prendida por el Espíritu de Dios, Él nos precede en la propia vocación. Además, si Dios nos antecede en la vocación, en Él debemos poner la confianza y no sólo en nuestros recursos. Domingo no apoya su decisión en las cualidades de los frailes ni en sus estados de ánimo; ni mucho menos en sus fuerzas o debilidades... ni siquiera en sus proyectos personales y comunitarios (habían construido un convento); menos aún en su género de vida o en sus apuestas más personales. Pone el futuro de los mendicantes en el Espíritu de Dios que los anima. Este trasfondo me lleva a pensar que venimos a la Orden a poner nuestra esperanza en el Señor. Las disposiciones humanas son elementos de nuestra condición antropológica y psicológica comprensibles, pero no suficientes para el seguimiento de Jesús. Os invito a reflexionar sobre la virtud teologal de la esperanza en Dios que despierta este ‘Pentecostés dominicano’.

  En nuestra biografía personal y comunitaria también está presente ‘el tiempo de Dios’. Éste, parcialmente a nuestro alcance, es el que la esperanza teologal necesita para asimilar sus promesas. Perder esta perspectiva ciega los ojos, enfría el entusiasmo, desgasta las fuerzas y desvirtúa la razón de ser y de estar en la Orden de Predicadores. Es más, la urgencia de lo inmediato puede llevarnos a perder horizonte y a no considerar los matices de Dios en su paso por nuestras vidas. ¿Acaso no es esta la experiencia religiosa del profeta Elías? Elías tiene que situarse en la ladera de la montaña para acechar el ‘paso de Dios’ y para reconocerlo, por fin, en el ‘suave murmullo de una brisa ligera’ (cf. 1 Re 19). No le resultó nada fácil. El profeta llegó a vivir momentos personales de mucho desconcierto, a percibirse realmente amenazado, a sufrir incomprensión y persecución. Pero, consumido de celo por el Señor, va ganando en audacia y valentía cuando centra su pasión en la promesa de la alianza recibida. Esto le ayudó a afrontar todo tipo de dificultades, desde el temblor de tierra y el huracán, hasta el fuego. Para Elías no hubo miedos que le hicieran temblar, ni laberintos huracanados sin salida, ni se consumió en su propia debilidad. Afrontó con sabiduría la situación ‘cuando reconoció, en medio de las dificultades, el suave murmullo de la palabra de Dios y cuando percibió que la gracia divina configura con paciencia el mundo’.

  La sabiduría de Domingo, en su Pentecostés dominicano, nos capacita para reconocer el ‘paso de Dios’ por nuestra vida. Su envío de los frailes es todo un gesto profético sin ninguna garantía de éxito inmediato. Requiere más bien nuestra confiada paciencia y perseverancia. A la humildad profética de Dios en su modo de hacer las cosas debemos añadir la esperanza sabia de los predicadores. Algunas reflexiones más recientes sobre la vida religiosa ponen de manifiesta que ésta ha de renovarse hacia dentro con espiritualidad profética, para poder ofrecer hacia fuera su mejor sabiduría. La predicación, el estudio y la fundación de conventos nos exige, al interior de nuestras personas y comunidades, una auténtica renovación profética. De esta forma respondemos a una demanda creciente del momento cultural y que tiene a la sabiduría como uno de sus más clamorosos reclamos. Sabios y profetas, profetas y sabios: una buena combinación del ‘Pentecostés dominicano’. Me centro ahora en las palabras del envío, con el ánimo de explicitar el ‘paso de Dios por nuestra Provincia’.

Predicar

  Durante el año jubilar hemos tenido la oportunidad de leer varias reflexiones sobre la predicación de los mendicantes. También hemos escuchado no pocos discursos al respecto. No pretendo ahora repetir lo ya dicho y bien dicho; pero hablar de la predicación dominicana desde la experiencia de Pentecostés nos recuerda algunos acentos importantes en nuestra condición de predicadores.

  Pentecostés sitúa a los primeros creyentes en una nueva disposición para la evangelización. El Espíritu nos envía a predicar bajo el compromiso ineludible del testimonio de vida. El testigo, con arraigada experiencia en Dios, tiene la capacidad misteriosa de abrir nuevas posibilidades cuando centra su confianza y esperanza en el Resucitado. Logrado esto, la vida que colma al testigo posibilita nuevos nacimientos: nace la Iglesia, la universalidad de la Orden, la vocación del predicador, la misión, la creatividad apostólica, los nuevos proyectos, etc.

  Según lo expresado anteriormente, hemos de luchar contra ‘el mero vivir’, el desánimo del ‘ir tirando mientras se pueda’ o la tentación de desear que ‘nada cambie demasiado’; hemos de evitar aquella supervivencia que solo prolonga agonía y aburrimiento. Esta actitud vital carece de nacimiento y de muerte. ¿Qué futuro nos espera sin nacimiento y sin muerte?, se pregunta Hannah Arendt. Ella nos viene a decir que ‘cada nacimiento promete un nuevo comienzo’. Actuar frente a la desidia significa poner un nuevo inicio, hacer que se abra un nuevo mundo. Por eso añade: ‘el acto de nacer equivale a un milagro’. Y según ella, la capacidad que tiene todo nacimiento de ‘producir milagros’ funda ‘confianza’ y ‘esperanza’. Esta dimensión soteriológica está bellamente expresada en el discurso de Pedro cuando se dispone a explicar el acontecimiento de Pentecostés diciendo que vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños (cf. Hch 2, 17). 

  Vuestros jóvenes verán visiones. Tendrán la capacidad de interpretar el entorno gracias a la luz interior que la mirada de Dios les proporciona. Hemos de permitir a los frailes más jóvenes desarrollar la creatividad de su mirada en beneficio de la predicación. Una exigencia se les impone: ver las cosas desde Dios y no tanto desde las propias emociones y sentimientos. Esto requiere una buena ascesis y una profundidad de vida. Ellos son capaces de esto. Debemos confiar en ellos. En la medida en que logren hacerlo no tanto desde una negación de sí mismos, difícilmente comprensible en las nuevas generaciones, como desde su capacidad de intimidad con el Señor. El contacto con Dios ya irá haciendo el trabajo de ‘negación’ en sus personas. ¡Seamos pacientes! En cualquier caso, hay nuevas sensibilidades ‘de visión’ que en los más jóvenes debemos valorar y considerar con atención. No sería del todo honesto por nuestra parte impedir sin más que las nuevas vocaciones desarrollen lo que en ellos hay de Dios y de su Espíritu. Sería una traición a la propia dinámica de la Orden siempre en evolución y en proceso de conversión.

  Vuestros ancianos soñarán sueños. Quizás los mayores, ya avanzados en edad y en experiencia de vida religiosa, sigan imaginando aquello que aún no han conseguido en el transcurrir de sus vidas. El ‘sueño’ los introduce también en los deseos. Lo anhelado y no logrado del todo se vuelve de interés y se proyecta sobre las generaciones que siguen. Los mayores, apoyados en su mejor sabiduría de la vida, no deberían tener miedo a la hora de mostrarnos caminos de predicación que aún podemos explorar y recorrer. No seríamos del todo fieles a la tradición recibida, al pasado ya entregado y ofrecido, sin tener en cuenta el mejor legado de los ‘sueños diurnos’ conscientes y responsables de nuestros mayores.

  En ambos casos, en jóvenes y en mayores, es preciso recordar que Pentecostés refuerza la incorporación del compromiso con lo universal en nuestra vida concreta. Este paso, imprescindible en el carisma dominicano, no estuvo exento de dificultades en nuestra historia. Ya fray Humberto de Romans, en su carta enviada desde el capítulo general del año 1255, señalaba dos dificultades en los predicadores para ejercer su testimonio y compromiso de predicar a ‘todos los confines del mundo. La primera era la ignorancia de las lenguas, a cuyo estudio apenas había algún fraile que quisiera dedicarse, mientras muchos en el estudio anteponían la curiosidad múltiple a la utilidad’. La segunda hacía referencia al amor de aquellos frailes a la tierra natal, cuyo atractivo tenía a muchos de tal modo atados, pues su naturaleza todavía no había sido transformada por la gracia, al no querer salir de su tierra y de la casa paterna y olvidarse de su pueblo y querer vivir y morir entre sus familiares y conocidos. El propio Humberto animaba a los frailes a despertar y a ver si en el comportamiento de los apóstoles en Pentecostés se encontraba algo semejante. ¿Es que no son todos galileos? ¿Y quién de ellos se quedó, acaso, en Galilea? ¿Es así como respondieron los primeros frailes, cuando nuestro Padre santo Domingo los dispersó por el mundo, tanto a novicios como a los demás? ¡Oh escogidos de Dios! No deis cabida en vuestros corazones a esta despreciable decisión, antes bien, considerad la vocación de nuestra profesión.

  No puedo evitar la tentación de elevar a metáfora ‘el aprendizaje de lenguas’ y ‘el amor a la tierra natal’ para llevar el mensaje de Humberto a su contenido más actual y redefinir así nuestra propia realidad. A los nuevos predicadores no les resulta ya demasiado dificultoso el aprendizaje de nuevos idiomas; tampoco disponerse a salir de la ‘tierra natal’ para descubrir nuevos mundos. Los desafíos no están tanto en la ‘materialidad’ de las propuestas como en ‘el aprendizaje del lenguaje humano que circunda el interior de las personas’ y en el ‘despojo de las propias seguridades para ir más allá de lo que nos es más próximo, apetecible e incluso placentero’. En este sentido sí que podemos percibir importantes resistencias. El Espíritu nos invita a superar estos límites en favor de la predicación.

Estudiar

  Hablar del estudio entre nosotros quizás nos resulte ya cansino. Es más, parece no convertirnos demasiado a su actividad y ejercicio. El fraile poco motivado no estudiará más por muchos discursos que escuche al respecto. El fraile lector, inquieto, buscador y soñador lo utilizará como su oxígeno permanente y sacará tiempo para ello. Pero unos y otros no me podrán negar haber disfrutado alguna vez en su vida del silencio que les proporciona el esfuerzo de entrar en su interioridad, ese espacio interior donde Dios habita en cada uno. El estudio dominicano, inspirado en la experiencia de Pentecostés, tiene algo que ver con esto.

Estudio y sufrimiento

  No escuchamos en profundidad el sufrimiento de las personas, sus pobrezas, si no estudiamos. ¡Hermanos! el sufrimiento exige a los predicadores la ascesis del estudio. Admiro a aquellos frailes que, sin necesidad de ser grandes lumbreras intelectuales, no dejan de leer la realidad que les circunda. En esa realidad, como si de un espejo se tratara, se reflejan los rostros humanos a los que predican. El estudio dominicano nos introduce el ‘gusanillo’ de la lectura, de la reflexión, de la profundización en la existencia propia y ajena, el acompañamiento de los más vulnerables de nuestra sociedad. Esta contemplación compasiva nos lleva a apreciar lo que el ser humano es capaz de expresar a través de las ciencias, el arte, la literatura, el teatro, el cine... destellos humanos de profundización, reclamos, manifestaciones de dolor y de alegría. En la Provincia hay frailes admirables que conocen mejor que nadie al ser humano porque palpan diariamente sus carencias y pobrezas, su exclusión y marginación. Además, esto lo hacen sin disponer fácilmente de recursos culturales a su alcance o del tiempo necesario que su entrega al trabajo apostólico no les dispensa. El ‘rostro’ dolorido del otro es su mejor libro de aprendizaje ¿Cómo vamos a ser capaces de comprender la expresión más existencial de la Palabra de Dios relatada en la Sagrada Escritura, sin ser capaces de ‘leer’ las aspiraciones humanas representadas en las artes a nuestro alcance y en los ‘rostros sufrientes’ que nos rodean? Cuando oigo a los frailes hablarme con pasión del acompañamiento tan directo que hacen a quien sufre, del libro que están leyendo, de la película que han visto, de la obra de arte que han contemplado, de la conversación que han mantenido... me lleno de gozo al observar que la predicación se mueve. ¡No dejemos de leer en ‘los rostros humanos’ y de introducirnos en las ciencias y artes que el hombre es capaz de producir! Sin esto no hay ‘pacto’ con el sufrimiento, ni escucha, ni pasión por erradicarlo.

  ¡Qué mal nos hace dejar de leer! Al evitar la lectura de la realidad que otros nos presentan dejamos de soñar, nos quedamos sin relato y, por lo tanto y lo más grave, sin conversación y sin ‘rostro’ del otro a quien acompañar, incluso en su vulnerabilidad. En la introducción a una de sus últimas obras autobiográficas, Rosa Montero, hablando de la importancia de la lectura, llegó a afirmar que la ‘mudez puede acarrear la indecible soledad y el agudo sufrimiento de la locura, pero dejar de leer es la muerte instantánea. Sería como vivir en un mundo sin oxígeno’. Sin ‘rostro’ humano con el que interactuar no hay oxígeno, no hay compromiso con la encarnación, ni con la pascua del Señor, ni con Pentecostés.

Estudio y soledad

  El estudio contemplativo conlleva una gran dosis de soledad. Alguien llegó a decir que ‘en realidad, sólo quien es capaz de soledad puede estar de veras con los demás’. Josep María Esquirol en su ensayo, La resistencia íntima, nos relata esta historia bonita: ‘Pintadas en la pared de la habitación de un anacoreta, en una casa muy deteriorada de la ciudad de Turín, se podían leer estas palabras: Quien va al desierto no es un desertor, es más bien un resistente’. El ‘resistente’ que vive el desierto no necesita coraje para expandirse sino para recogerse y, así, poder resistir la dureza de las condiciones exteriores. El resistente no anhela el dominio, ni la manipulación de los demás, ni el poder. Quiere, ante todo, no perderse a sí mismo para servir mejor a los otros. La fortaleza del resistente proviene más bien de su ser más hondo. El resistente sabe que pase lo que pase, su acción no es absurda, ni estéril; confía en la fecundidad a pesar de que ignora cuándo y cómo germinará.

  Desde hace tiempo he apreciado con especial admiración a las personas cuando valoran ‘el silencio’ como un comienzo; como el tiempo que precede a nuestros pensamientos, palabras, trabajos, programas y proyectos. En el momento cultural en el que nos encontramos se nos reclama una comunicación que brote del silencio y de la interioridad. El silencio es la luz de la conciencia interior, exalta la mente y concentra el pensamiento. Además, el silencio serena el corazón humano. Quien vela en silencio sale del ruido de sí mismo para hallar mejor a Dios y a los demás. En este sentido la soledad del resistente, importante para comprender el compromiso contemplativo del estudio con los que sufren, no se resigna al dominio del ruido, a la victoria del egoísmo, a la indiferencia, a la ceguera del destino, a la retórica sin palabra, al absurdo, al mal y a la injusticia. Después de un eterno silencio, Dios pronunció su palabra para crear el mundo (‘Hágase... y la luz se hizo’).

  Necesitamos, quizás, un poco de silencio para percibir el ‘paso de Dios por nuestra vida’. Desde hace un tiempo para acá no puedo evitar mis esfuerzos por desentrañar el ‘paso de Dios por la Provincia de Hispania’ y por cada uno de sus frailes. No tengo duda: en la vocación de cada uno Dios deja los trazos de su paso por nuestra existencia. Qué bueno sería si lográramos no sólo percibir ‘la brisa de Dios’ en nuestro interior, sino también sentir su silenciosa presencia en la propia vida. De esta forma lograríamos enriquecer los dones que Él ha injertado en nuestra vocación. El silencio de quien se recoge en Dios es un ‘silencio metodológico’, señala un camino que busca ‘ver’ mejor lo que ya nos ha entregado. Afina los sentidos y los hace más vigilantes ¿Acaso esta actitud es estéril o inferior a las ilusiones actuales de autorrealización?

  Este es nuestro estudio. No pierdo la esperanza en que los frailes más jóvenes de la Provincia lo hagan realidad en su compromiso como predicadores. Para los frailes de Hispania, hombres que hemos profesado –decimos- un compromiso con la escucha obediente ‘de las cosas de Dios y de los hombres’, la resistencia llevada a la soledad del desierto interior ha de expresar algo más que un hecho circunstancial, ha de reflejar más bien una forma de ser. Un camino para ir hacia los demás y para entrar en el misterio de Dios que en ellos anida, ante todo cuando sufren. La predicación del momento presente requiere la asimilación interior y esta sabiduría del don en nuestra propia vida.

Fundar conventos

  Puede resultarnos hasta un cierto sarcasmo hablar hoy de ‘fundar conventos’. La realidad parece mostrarnos lo contrario. Más que la acción de ‘fundar’, se va imponiendo la dinámica de la ‘reestructuración’, del repliegue y del cierre de presencias. En las diversas familias religiosas estas palabras han entrado como una condición inevitable del momento en el que se encuentra la vida religiosa. En otras ocasiones, pretendemos paliar lo inevitable acudiendo a nuevos lenguajes para expresar la resistencia a la desaparición y hablamos, con acierto, de ‘presencias significativas’, de ‘innovación’, de ‘renacimiento’, etc. En todo esto se describe nuestra situación. Pero no debemos olvidar algo importante: el mundo en el que estamos también se ha desplazado. En no pocas presencias, por valiosas que éstas hayan sido en el pasado, podemos constatar los giros contemporáneos. Muchos han dejado de mirarnos y de estar interesados por los servicios evangélicos que ofrecemos.

  El Pentecostés dominicano está cargado de simbolismo cuando quiere expresar también la experiencia de la fundación, ya que ‘fundar’ tiene que ver con existir. Debemos ‘ser’ (existir) en nuestras fundaciones conventuales de vida y misión. Es verdad que el pensamiento más existencialista, a la hora de percibir al ser humano, nos orientó hacia una concepción de la existencia ‘constantemente en proyecto’. La herencia de esta corriente filosófica, con sus aportes, se ha introducido en el vivir diario, en los programas de vida y en el quehacer cotidiano. Yo mismo he de reconocer que durante años fui cautivado por su manera de acercarse al ser humano y por su modo de concebir su felicidad. Lo he predicado con convicción y reflexionado con cierto detenimiento. No pocos teólogos han bebido de estos postulados logrando, sin duda, magníficas reflexiones teologales sobre el modo de situar al ser humano ante Dios, ante los demás y ante uno mismo. Pero esta visión hoy en día me resulta insuficiente.

  Algunos filósofos contemporáneos, cuando llegan a la reflexión ética de sus postulados filosóficos, incluso desde estos planteamientos existenciales, añaden un nuevo elemento: el hombre en su realización práctica necesita de la heroicidad que ha de encontrar en su vida cotidiana, ya que la vida heroica es la ‘vida de todos los días’. Precisamente por esto la resistencia, como ya he señalado, se nos vuelve un recurso espiritual sin precedentes para nuestro tiempo. Esta intuición, más allá de su valor ético, se despierta en Pentecostés. La experiencia del Espíritu nos evoca no sólo el proyecto de una existencia, también su resistencia, su energía, su dinamismo en el presente de su realización. Resistir, en este caso, no tiene connotaciones de pasividad, de inmovilismo e incluso de miseria, sino de ‘fundación’. Existir en tanto que resistir... pone el acento, en cambio, en el amparo, en el discernimiento que desde tal protección resulta posible.

  La Provincia, en su proyecto y en su resistencia tiene que establecer un discernimiento responsable sobre su futuro. Esta reflexión engloba la calidad de los frailes, pero también el modo de estar presentes en nuestra sociedad, el estilo y la personalidad provincial, etc. Esto conlleva no solamente estilos comunitarios de vida, también lugares a elegir en detrimento de otros. Se nos piden modos de profecía, pero también de sabiduría. No basta lo profético sin la experiencia sapiencial; pero la experiencia sapiencial, sin el compromiso profético, se desvirtúa y abstrae de la encarnación.

  ‘Fundar conventos’ hoy en día, conforme a nuestra realidad en la Provincia de Hispania, tiene que ver con ‘proyecto’ y con ‘resistencia’ (discernimiento). No canalizamos los esfuerzos personales y comunitarios para tener éxito inmediato en aquello que programamos y hacemos. No basta el solo proyecto. Se precisa también ‘resistir’ en él. La predicación no busca el aplauso ni el reconocimiento inmediato de los hombres. Se trata de otra cosa. El futuro de la predicación del Evangelio no será el resultado de planes estratégicos, por pertinentes que éstos puedan llegar a ser. El fuego de Pentecostés debe abrasar primero la existencia de cada predicador, la existencia personal de cada uno de nosotros. El fuego interior de los apóstoles fue el que les otorgó la audacia y permanencia de consagrar sus vidas a la Palabra. Ese fue su proyecto y su resistencia.

  ¿Son momentos para ‘fundar conventos? ¡Sí! Pero, no sólo como si de una necesidad externa se tratase; es también una exigencia de fidelidad al interior de la provincia. Abiertos a nuevas fundaciones siempre, pero también tenemos que ‘refundar’ nuestros conventos actuales. Es la necesidad que expresa el propio san Pablo cuando dice que se ha hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos’. Y todo esto dice hacerlo por el Evangelio para ser partícipe del mismo’ (cf. 1 Co 9, 19 ss). Si la fundación y/o refundación de conventos nos hace más participes del Evangelio bien venidos sean.

Conclusión
  Para concluir quisiera expresar un último pensamiento: aún disponemos de un tiempo precioso para tomar conciencia, esta es nuestra oportunidad, de los obstáculos que progresivamente han podido frenar el entusiasmo de los primeros momentos de la Provincia: la pesadez institucional, los temores y necesidades personales de seguridad, la necesidad de reconocimiento, las indiferencias de unos para con otros, el desánimo frente a las fracturas que desfiguran nuestro entorno más próximo, las situaciones personales de los frailes, etc. Ciertamente, debemos buscar la manera de evaluar lo que hacemos y lo que podemos hacer, establecer planes, otorgar el espacio necesario a la creatividad que traen las nuevas vocaciones, preparar fases de transición en no pocos proyectos y, en algunos de ellos, entrar en una clara recesión. Todo esto debe ser tenido en cuenta. Pero todo esto no debe ‘ponernos una venda en los ojos’ y no debe llevarnos a ‘olvidar lo fundamental’: la Palabra de Dios nos impregna de la gracia que otorga la esperanza que proporciona la plena confianza en El. (cf. Carta M.O. para el año del Jubileo de la Orden).

  Por último y con un poco de humildad. Cuánto aprecio aquella glosa de Hans Urs von Balthasar sobre la traición de Pedro cuando dice: Pedro, en su silencio interior, sabe que es conocido tanto en su amor como en su traición: ‘Señor, tú lo sabes todo: sabes que te amo’ (Jn 21, 17). Alanna-Marie Boudreau llevó a canción esta interioridad de Pedro en su conocida canción ‘Simon’ (Petrus) con una atractiva melodía inusual. Sé que algunos grupos eclesiales toman prestada esta canción para cantarle al Señor en esos momentos en que, como Pedro, lo traicionamos con nuestras mediocridades y al pedir perdón de corazón no sólo encontramos misericordia sino también un consuelo y un amor tan inmenso que nos mueve a entregar la vida misma. Así lo expresa esta sugerente composición: Si yo pudiera amarte más que todos los ángeles y santos al mismo tiempo. Si solo pudiera darte una pequeña cosa, sería mi propia vida’. Cuando observo la vida entregada, callada y sin ruido, de muchos de vosotros no puedo menos de afirmar que el ‘paso de Dios por la Provincia de Hispania’ es una realidad. En esta entrega está nuestra mejor esperanza. Además, ‘aquellos que se prestan a las voces del silencio son maestros de vida y reflexión. Su actitud logra escuchar religiosamente el silencio, venciendo así el tumulto ruidoso de la vida exterior’, como bien apostilla María Zambrano.

  Los frailes del convento de Santo Domingo, en Oviedo, fueron testigos discretos de mis balbuceos a la hora de poner por escrito estas letras, sobre un contenido que ya rondaba mi cabeza desde hacía algún tiempo. A ellos y a todos los demás frailes de la Provincia gracias por vuestra recepción y acogida. Gracias por vuestros proyectos y por vuestra resistencia.


¡Buen inicio de curso!

Oviedo, 25 de agosto de 2017

Fr. Jesús Díaz Sariego, OP: Prior Provincial

Domingo XXII del tiempo ordinario (ciclo A)

Evangelio (Mt 16,21-27): En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta»

Compartimos:
Hoy, contemplamos a Pedro —figura emblemática y gran testimonio y maestro de la fe— también como hombre de carne y huesos, con virtudes y debilidades, como cada uno de nosotros. Hemos de agradecer a los evangelistas que nos hayan presentado la personalidad de los primeros seguidores de Jesús con realismo. Pedro, quien hace una excelente confesión de fe —como vemos en el Evangelio del Domingo XXI— y merece un gran elogio por parte de Jesús y la promesa de la autoridad máxima dentro de la Iglesia (cf. Mt 16,16-19), recibe también del Maestro una severa amonestación, porque en el camino de la fe todavía le queda mucho por aprender: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios» (Mt 16,23).

Escuchar la amonestación de Jesús a Pedro es un buen motivo para hacer un examen de conciencia acerca de nuestro ser cristiano. ¿Somos de verdad fieles a la enseñanza de Jesucristo, hasta el punto de pensar realmente como Dios, o más bien nos amoldamos a la manera de pensar y a los criterios de este mundo? A lo largo de la historia, los hijos de la Iglesia hemos caído en la tentación de pensar según el mundo, de apoyarnos en las riquezas materiales, de buscar con afán el poder político o el prestigio social; y a veces nos mueven más los intereses mundanos que el espíritu del Evangelio. Ante estos hechos, se nos vuelve a plantear la pregunta: «¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida?» (Mt 16,26).

Después de haber puesto las cosas en claro, Jesús nos enseña qué quiere decir pensar como Dios: amar, con todo lo que esto comporta de renuncia por el bien del prójimo. Por esto, el seguimiento de Cristo pasa por la cruz. Es un seguimiento entrañable, porque «con la presencia de un amigo y capitán tan bueno como Cristo Jesús, que se ha puesto en la vanguardia de los sufrimientos, se puede sufrir todo: nos ayuda y anima; no falla nunca, es un verdadero amigo» (Santa Teresa de Ávila). Y…, cuando la cruz es signo del amor sincero, entonces se convierte en luminosa y en signo de salvación.

BEATO GUALA DE BÉRGAMO, O.P., OBISPO

(1180-1244) Guala nació en Bérgamo (Lombardía, Italia) hacia 1180, de una familia oriunda de Rogno. Ya presbítero y canónigo fue recibido en la Orden por santo Domingo en Bolonia y fue enviado por él a fundar el convento de Brescia, donde estaba como prior cuando tuvo la visión de la muerte de santo Domingo. Fue religioso de gran piedad y como inquisidor de la fe actuó con gran prudencia y benignidad. Nombrado por el papa Gregorio IX en 1229 obispo de Brescia, trabajó en favor de la fe y de la paz. Al final de su vida se retiró al monasterio de Astino, donde murió el 3 de septiembre de 1244. Su cuerpo se venera desde 1896 en la catedral de Bérgamo. Su culto fue confirmado en 1868.

Del Común de pastores: para un obispo o de religiosos.

Oración colecta
Oh Dios, lleno de bondad,
que enriqueciste al obispo beato Guala 
con un especial carisma
para promover en tu pueblo la paz y la piedad;
concédenos por su intercesión que, 
construyendo con ahínco la paz, 
alcancemos también
los abundantes frutos de la piedad. 
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, 
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Liturgia de las Horas. Propio O.P.