SANTAS

lunes, 6 de abril de 2026

Martes de la Octava de Pascua

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,36-41):

EL día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos:

«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro les contestó:

«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:

«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios


Salmo  32,R/. La misericordia del Señor llena la tierra


 Santo Evangelio según san Juan (20,11-18):

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice.

«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, ande, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor


Compartimos:

María Magdalena llora ante el sepulcro vacío. Confunde a Jesús con el hortelano hasta que Él la llama por su nombre. Es el evangelio de la intimidad. Una intimidad que no necesita de grandes discursos. Una palabra, un gesto… -María, -Rabbuni. Y basta.


Según algunos especialistas, la forma Rabbuni indica algo más de respeto, admiración, intimidad o afecto que Rabbi. Rabbuni indica una  especie de sufijo como super. Este diálogo escueto con el Resucitado está cargado de contenido. Es una relación personal de Magdalena con el Señor Jesús: el Verbo Encarnado. Alguien que es más que un maestro.


Decía Santa Teresa que orar es tratar de amistad con Quien sabemos nos ama y entre las jaculatorias dirigidas al Corazón de Jesús se cuenta esta: Señor haz que mi corazón se asemeje al tuyo. Se me ocurre que tanto ama Dios a los hombres que inventó la forma de tener un corazón humano… para asemejarse a esas criaturas hechas a su semejanza o mejor, para restablecer aquella primera semejanza.  La fe cristiana tiene estas cosas tan asombrosas que hacen reir. Pedirle a Dios que nos de un corazón semejante al suyo es pedirle que realice lo prometido en el profeta Ezequiel: que arranque el corazón de piedra y nos de un corazón de carne.


La intimidad de Jesús con los suyos lejos de cerrarse en sí, los impulsa a anunciarla. Es más: nos obliga a difundirla. Y así, Magdalena obedece y lleva el mensaje a los discípulos para que se reúnan en Galilea. Y así, para la historia de la Iglesia, María Magdalena se gana el título de “Apostola”, la primera en anunciar el triunfo de la Cruz. Y así los que hemos creído tenemos que comunicar la buena noticia a todos.

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