Siempre con Dios en el horizonte. Porque él no defrauda las esperanzas humanas. Este es nuestro paradigma, aunque sea puesto entredicho por las nuevas corrientes posmodernas, en las que Dios no tiene sitio, en las que el hombre se coloca por encima de Dios. "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas" (Hb 13,8)

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