martes, 9 de junio de 2026

Martes de la X Semana del Tiempo Ordinario. San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,7-16):

En aquellos días, se secó el torrente donde se había escondido Elías, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor dirigió la palabra a Elías: «Anda, vete a Sarepta de Fenicia a vivir allí; yo mandaré a una viuda que te dé la comida.»

Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña.

La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»

Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»

Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»

Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: «La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra.»»

Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios


Salmo 4 R/. Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro


Santo Evangelio según san Mateo (5,13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).


Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.


Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).


Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial” (Mt 5,16).

lunes, 8 de junio de 2026

Lunes de la X Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura del primer libro de los Reyes (17,1-6):

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.»

Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.»

Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

Palabra de Dios


Salmo 120 R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra


 Santo Evangelio según san Mateo (5,1-12):

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Sería un error considerar a los evangelistas como reporteros; ningún seguidor de Jesús tomaba notas de lo que el Maestro iba haciendo o diciendo; y no echaban de menos una grabadora. Los evangelistas, que seguramente no son apóstoles o seguidores de primera hora, sino cristianos de segunda generación, deben ser considerados como grandes catequistas o pastores de las comunidades para las que escribieron. Para esos creyentes organizan, quizá repetidas veces y con variantes o adaptaciones, los dichos y hechos que, en definitiva, proceden de Jesús.


El evangelio de hoy tiene un marco muy conocido: Jesús en la cúspide del monte, los discípulos un poco más abajo, y la multitud de seguidores ya al nivel de la llanura. Todo hace recordar un pasaje del éxodo (cap. 24), donde Yahvé llama a Moisés a la cima del Sinaí, los ancianos de Israel se quedan a cierta distancia y el pueblo no debe subir. Hay paralelismo, pero no total: Moisés subía a la cima del monte a recibir la ley que Dios le entregaba, mientras que Jesús se sienta directamente como Maestro y promulga él, con autoridad propia, la nueva ley. La Iglesia le contempla como su Maestro y Señor.


Sentado en la cátedra imparte una “lección de catecismo” muy elaborada: en forma fácil de memorizar. Tiene forma de “rectángulo vertical” formado por dos cuerpos superpuestos, de cuatro “felicitaciones” cada uno, a los que sigue una pequeña aclaración sobre la octava felicitación. Las bienaventuranzas primera y octava se corresponden entre sí: prometen el Reino de los cielos; y la cuarta y octava también se corresponden, al felicitar a los que hambrean la justicia o son perseguidos por haberla procurado (“justicia”, en el lenguaje de Mateo, significa simplemente “santidad”, o fidelidad al plan de Dios, a la alianza).


La añadidura explicativa, en parte repetición de la última línea del rectángulo, tiene un matiz especial al “felicitar” a los perseguidos:  no los invita a esperar al futuro, a la venida del Reino, sino a “alegrarse y regocijarse” tan pronto como les llegue la injuria, persecución o calumnia, pues esta los asemeja a los antiguos profetas y hace que el Reino se anticipe en ellos.


Cuando se comparan estas bienaventuranzas con las que están presentes en evangelio de Lucas, además de la diferencia numérica (Lucas tiene solo cuatro), en Mateo se observa una mayor “espiritualización”: no habla simplemente de pobreza o de hambre, sino de “pobreza de espíritu” y de “hambre de santidad”, es decir, el evangelista no describe situaciones sobrevenidas, sino la actitudes con que se las afronta. El mero sufrimiento no es deseable, no haría feliz a nadie; pero la entereza humana y de fe ante el mismo hace que el seguidor de Jesús se eleve por encima de sus circunstancias, sea un pequeño “señor” en cuanto seguidor de su gran Señor. No importa lo que sufre sino “cómo” lo sufre. Ya San Agustín (s. v) decía que el mártir no lo es por lo que padece sino por el motivo por el que lo padece (“no hace mártir la pena, sino la causa”).


Y es de notar que la segunda parte de varias “felicitaciones” está en voz pasiva sin mención del agente; es el llamado técnicamente “pasivo divino”: el agente es Dios mismo, a quién se procura no nombrar en vano; Dios saciará a los hambrientos, consolará a los tristes, compadecerá a quienes han sido compasivos… Al creyente se le está diciendo: tú entrégate a lo que Dios quiere de ti, que lo demás, el futuro, corre de su cuenta; es una llamada a la confianza y el abandono sin límites en manos del Padre.

domingo, 7 de junio de 2026

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (A)

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio (8,2-3.14b-16a):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Palabra de Dios


Salmo 147.R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,16-17):

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios


Santo Evangelio según san Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor


Compartimos:

La celebración del Corpus Christi nos da la oportunidad, por una parte, de valorar y agradecer el gran regalo que se nos ofrece en el Sacramento de la Eucaristía. En ella se realiza la promesa del Señor: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Presencia sacramental que se inicia en la Última Cena, cuando Jesús “parte y reparte” su Cuerpo y su Sangre, regalo que habría de continuarse gracias a que también en esa misma Cena les comparte el poder de seguir haciéndolo presente: «Haced esto en memoria mía» (Lc 22,19).


San Juan, en su Evangelio, nos dice que cada uno de los signos que Jesús realizaba era con la finalidad de despertar y fortalecer la fe en Él (cf. Jn 20,31). San Pablo, por su parte, subraya la gran importancia de la Resurrección: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe» (1Co 15,17). Pero esa fe tiene que ser alimentada, y la mejor manera de lograrlo es comiendo el Cuerpo mismo del Señor: «Mi carne es verdadera comida» (Jn 6,55). Por ello, esta festividad nos recuerda también la responsabilidad que tenemos, no sólo de estar bien preparados para recibirlo, sino también de “comerlo de verdad”.


En efecto, su Cuerpo nos dará vida en la medida en que lo asimilemos. Así como sucede con cualquier alimento que le demos a nuestro cuerpo —para que nos sea de utilidad— tiene que ser asimilado, así también el Cuerpo del Señor será fuente de fortaleza y vida tanto cuanto le permitamos ser parte de nosotros mismos. Por eso, según León XIV, «la participación en la liturgia no termina en el templo, sino que transforma la vida cotidiana».


Dicho de otra manera, nuestra Comunión con el Señor, la Sagrada Eucaristía, el Corpus Christi será realmente eficaz en nosotros tanto como nuestra vida sea verdadero signo para que los demás crean. El mismo Señor nos lo sugirió con estas palabras: «Que vuestra luz brille delante de los hombres, para que vean nuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,16).

sábado, 6 de junio de 2026

Sábado de la IX Semana del Tiempo Ordinario. San Norberto, obispo. Santa María en sábado

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (4,1-8):

Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir. Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina sana, sino que, para halagarse el oído, se rodearán de maestros a la medida de sus deseos y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas. Tú estate siempre alerta; soporta lo adverso, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

Palabra de Dios


Salmo 70,R/. Mi boca contará tu salvación, Señor


Santo Evangelio según san Marcos (12,38-44):

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Palabra del Señor


Compartimos:

Este pasaje de Marcos tiene dos discursos de Jesús y dos escenarios posiblemente en el mismo espacio del grandioso Templo de Jerusalén. El primero es una dura crítica contra los escribas y su estilo de vida amante del lujo y la ostentación. También condena el trato con que explotan a viudas y huérfanos. El segundo se dirige a los discípulos a quienes convoca para comentar lo que ha visto en el lugar de las ofrendas.


Dice Marcos que Jesús estaba sentado enfrente del tesoro del Templo en el Atrio de las Mujeres al este del santuario principal, justo debajo de la monumental Puerta de Nicanor. Recibía este nombre porque era el punto máximo hasta el cual se les permitía el ingreso a las mujeres judías para adorar, aunque los hombres también transitaban y permanecían en él libremente. Debido a que albergaba el sistema de recaudación pública, en los Evangelios a menudo se llama a todo este atrio simplemente “el Tesoro”  que no era una habitación cerrada sino trece recipientes de bronce colocados en las paredes del patio. Cada uno tenía un letrero que señalaba el destino: para incienso, para impuesto anual, ofrendas voluntarias, etc.


Sentado en los bancos de las columnatas frente a estas arcas, Jesús tenía una línea de visión directa hacia los oferentes y podía oir el ruido de las monedas al caer: las de los ricos tintineaban con fuerza y resonaban de forma ruidosa haciendo público el tamaño de la donación. Cuando la viuda se acercó tímidamente, el sonido de sus dos lepta (las monedas de cobre más pequeñas y delgadas de la época) apenas produjo un leve roce metálico. Sin embargo, ese sutil sonido fue el que capturó por completo la atención del Señor. Y seguramente le emocionó. Aquellas moneditas eran, posiblemente, lo único que tenía la mujer: apenas para comer un día. Ella había echado más que nadie.


Este breve texto y estas pocas palabras tienen que hacernos reaccionar sobre nuestra forma de “practicar” la caridad. Qué damos a los pobres, cómo lo damos… Tenemos que examinar el uso que hacemos de lo mucho o poco que tengamos y pedir perdón por la falta de generosidad, pero también por nuestra actitud hacia los necesitados. A lo mejor descubrimos que a veces al  dar algo no ponemos amor y respeto, sino ganas de hacer demostración de generosidad o de quedar bien o  de hacer alarde… En otro lugar Jesús nos dijo: “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. Y el modelo es una pobre viuda que da mucho más de lo que puede.

viernes, 5 de junio de 2026

SALUDOS AL SANTO PADRE LEON XIV

 Santo Padre, le saludamos y agradecemos su venida a España, será un momento de renovar nuestra fe y la esperanza de un nuevo amanecer en nuestro en país, para retomar el camino de la fe y de la santidad.

MM. Dominicas

Rita (La Eliana, Valencia)

"Nuestro Querido Papa, quería nada más contarle que siempre lo veo y su humildad y dulzura tocan mi corazón.Gracias por su amor y su sonrisa. Gracias por acercarse a los más necesitados y abrazar a los bebés y a los niñitos. Si Dios me lo permite, me encantaría darle un abrazo de gratitud, pero como es muy difícil, se lo mando por este medio. Gracias por acercarnos a Jesús".

Fuencisla (Dubái) 

"Por favor Santo Padre, envíanos un sacerdote que hable español a la comunidad hispano hablante de St Francis en Dubai".

Ana (Madrid)

"Gracias Santo Padre por su visita. Gracias por su entrega y valentía al defender nuestra fe. Rece por España, por nuestros hijos que afiancen su fe".

José María (Rubí, Barcelona) 

"Bienvenido gracias por su visita que los frutos de su viaje apostólico sean de gran ayuda para esta la tierra de maría bienvenido santo padre dios le bendiga 🙏🏻🙏🏻".

Isabel (Valencia)

"Bienvenido a España ,Santidad. Espero que su viaje sirva para reavivar la fe de los españoles y nos una más a Cristo. Muchas gracias por su visita".

Clara (Sevilla)

"Feliz de recibirlo en España, ojala no sea la única vez. Que el Espíritu Santo ilumine y guíe su camino a la santidad y su misión dirigiendo la iglesia de Cristo. No tenga miedo, muchos rezamos por usted. La Virgen lo sostiene en sus sufrimientos. Le encomiendo a mi familia en sus oraciones".

Izaskun (Bilbao)

"En primer lugar,Bienvenido y agradecerle todo lo que está haciendo ,como Santo Padre en el mundo. Gracias por tirar de las orejas a los mandatarios mundiales. Finalmente, le pediría que hable con los mandatarios españoles, para obligarles a cumplir el Concordato. La asignatura de religión no se está ofreciendo como asignatura fundamental ni en igualdad de condiciones.Ayude a mejorar la asignatura".

Nuria (Jerez de la Frontera, Cádiz)

"Te pido por la unión de las iglesias cristianas. Derribar muros entre protestantes y católicos".

Ana (El Campello, Alicante)

"Gracias por venir a España y por tu espíritu evangelizador! Que Dios te de la salud y energía para seguir dando testimonio de Cristo. Unidos en la cruz de Cristo!".

Dorinda (San Juan, Puerto Rico)

"Quiero agradecer a Su Santidad su visita a España. España lo necesita. Soy puertorriqueña, y agradezco a España la fe transmitida a mis antepasados y que todavía practicamos en nuestro país. De un gran santo aprendí a rezar, todos los días , por el Papa, fuera quien fuera. Lo encomiendo de manera especial en esta visita a España y pido por los frutos apostólicos en todo el mundo".

Viernes de la IX Semana del Tiempo Ordinario, San Bonifacio, obispo y mártir.

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (3,10-17):

Tú seguiste paso a paso mi doctrina y mi conducta, mis planes, fe y paciencia, mi amor fraterno y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos, como aquellos que me ocurrieron en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones padecí! Pero de todas me libró el Señor. Por otra parte, todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. En cambio, esos perversos embaucadores irán de mal en peor, extraviando a los demás y extraviándose ellos mismos. Pero tú permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

Palabra de Dios


Salmo 118 R/. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor


 Santo Evangelio según san Marcos (12,35-37):

En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, dice: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.» Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

La gente, que era mucha, disfrutaba escuchándolo.

Palabra del Señor


Compartimos:

Entre la muchedumbre, supongo no debían estar muchos escribas, saduceos y fariseos. Por lo menos no estarían los que según los relatos del mismo capítulo de Marcos, interrogaron a Jesús con propósitos escasamente amistosos.


La muchedumbre numerosa, sin embargo, debió entender que Jesús se estaba revelando como Dios mismo. En definitiva, Jesús se declara a sí mismo como la segunda persona de la Santísima Trinidad que se hizo carne para nuestra salvación. No estoy muy segura de que aquella muchedumbre lo comprendiera. Ni aquellos ni muchos bautizados que recitamos el Credo y nos santiguamos, pero sin duda, ellos y los cristianos de todos los siglos casi sin ser conscientes lo vivimos.


Dice San Cirilo de Alejandría que Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre, pero no entró en posesión de esta dignidad después de su encarnación, sino “antes de todos los siglos”. “El engendrado de Dios, el Hijo único desde siempre posee el trono a la derecha del Padre”. Pues bien, en el relato de la creación, Dios crea en plural: “hagamos”. Y al culminar la obra con el ser humano dice que este ha sido creado a nuestra imagen y semejanza. Es decir somos criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto tenemos algo de trinidad. Esta convicción de haber sido creados a semejanza de la Trinidad es algo que modela nuestra forma de ser y de estar en el mundo, posiblemente mucho más de lo que nos podemos imaginar.


Existe una profunda conexión lógica, teológica y psicológica entre el misterio de la Trinidad y la autopercepción de una persona de fe. Dado que Dios no es una “soledad infinita”, sino una comunión perfecta de tres Personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que se aman, creer en la Trinidad transforma radicalmente la forma en que el creyente vive, se relaciona y entiende su propia existencia. Si Dios es relación y comunión, la psicología humana replica esa estructura. El ser humano psicológicamente necesita de la alteridad (del “otro”) para conocerse y realizarse. El creyente no ve en el prójimo una amenaza, sino un espejo de la misma imagen divina. La madurez psicológica del creyente equilibra la sana autovaloración con la capacidad de empatía y entrega.


Alguien que se percibe a sí mismo como un “diseño deliberado” tiene  un sentido de trascendencia y propósito y experimenta una unificación psicológica en sus metas. Su vida no es el resultado del azar biológico ciego, sino un proyecto con un destino eterno. Vivir así es lo que propone Jesús: el ciento por uno y al final la vida eterna.


jueves, 4 de junio de 2026

AUDIENCIA GENERAL DEL PAPA LEÓN XIV,

Los documentos del Concilio Vaticano II. III. Constitución Sacrosanctum Concilium. 3. El rito, el signo, el símbolo


Queridos hermanos y hermanas:


Continuando con las catequesis sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium (SC), queremos pararnos a reflexionar sobre algunos elementos que constituyen la sagrada liturgia, como el rito, el signo y el símbolo.


El Concilio Vaticano II, beneficiándose del valioso trabajo del Movimiento litúrgico, nos ha ayudado a redescubrir una verdad muy viva en la conciencia de la Iglesia antigua y en la enseñanza de los Padres. Los ritos de la liturgia cristiana no son un revestimiento exterior del ministerio sacramental, un conjunto de ceremonias arbitrarias, sino que son la mediación eclesial a través de la que nos llega el don divino. Precisamente por eso el Concilio invita a comprender el Mysterium fidei que se realiza en la liturgia a través de los ritos y de las oraciones (cf. SC, 48).


El rito da forma a la acción litúrgica y, a través de ella, a nuestra vida, generando en nosotros una sensibilidad espiritual que nos hace capaces de saborear la presencia de Dios por medio de Jesucristo. Naturalmente eso sucede si nosotros no nos quedamos al margen o como espectadores mudos (cf. ibid.) respecto a la liturgia, sino que participamos con todo nuestro ser – cuerpo, mente y corazón – , en obediencia al mandato del Señor. A través del sagrado rito nos formamos en la escucha de la Palabra de Dios, en la acción de gracias y en la adoración, en el hecho de compartir de forma fraterna y en la comunión eclesial. Descubrimos que somos una asamblea de muchos rostros, reunida por la misma fe.


El rito nos implica en una secuencia de gestos y de oraciones bien definida, que a veces puede contrastar con nuestra tendencia individual a la espontaneidad. Su lógica no consiste en encorsetar la libertad en esquemas. Al contrario, con la sobriedad solemne de sus ritmos, el rito interrumpe actividades frenéticas, reconduciéndonos a lo esencial. Descubrimos así otra dimensión de la acción, que no se rige por los cálculos productivos y otra experiencia del tiempo y del espacio. En el rito experimentamos una lógica de gratuidad, encontramos un descanso que regenera el corazón, reconocemos que nos precede la gracia divina, aprendemos a vivir a un ritmo habitado por el Espíritu Santo.


La gramática del rito está entretejida con los signos y los símbolos propios de la liturgia. En ella, como afirma el Concilio, «los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre» (SC, 7). El Catecismo de la Iglesia Católica profundiza el valor de estos signos, recordando que «su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo» (n. 1145). Es emblemático el signo del agua: de los orígenes de la creación al diluvio, del paso del Mar Rojo al Jordán, hasta el agua que brota del costado de Cristo y se convierte en signo sacramental de la inmersión de su muerte y resurrección.


“Signo” y “símbolo” son términos que a menudo se usan como sinónimos. En realidad, un signo es simbólico cuando es capaz de remitir no solo a una idea, sino a todo un sistema de significados y de valores. Así, por ejemplo, cuando se nos rocía con agua bendita se reaviva en nosotros la conciencia del don recibido con el Bautismo y nuestra adhesión a la vida nueva en Cristo. En segundo lugar, los símbolos tienen esencialmente un carácter práctico, siendo sobre todo acciones: más sencillas y comunes, como arrodillarse y darse la paz, o más exigentes, como los actos que constituyen cada Sacramento. Sobre todo, los símbolos tienen una dimensión singular performativa y transformadora, tanto hacia los elementos materiales que los componen, como hacia aquellos que entran en contacto con ellos, generando pertenencia, tocando el corazón y la mente, suscitando auténticas relaciones eclesiales.


En la Carta Apostólica Desiderio desideravi, el Papa Francisco, haciendo suya una afirmación de Romano Guardini, identificaba «la primera tarea del trabajo de la formación litúrgica: el hombre ha de volver a ser capaz de símbolos» (n. 44). Necesitamos dejarnos educar por los ritos de la liturgia, cuidando con delicadeza y sin arbitrariedad la belleza de nuestras celebraciones y comprometiéndonos con una auténtica mistagogía. La experiencia de una liturgia viva y devota, acompañada por una oportuna catequesis mistagógica, es el mejor recurso para volver a despertar en todos esa apertura al encuentro con Dios que, en la lógica de la encarnación, solo puede tener lugar involucrando a todo el hombre: espíritu, alma y cuerpo (cf. 1Ts 5,23).


Saludos


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los invito a dejarse formar por los ritos de nuestras celebraciones, participando activamente en ellos, para que estos verdaderamente sean un encuentro vivo con el Señor. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.


Queridos hermanos y hermanas:


Continuando con las catequesis sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium, hoy nos centramos en tres elementos constitutivos de la Sagrada Liturgia: el rito, el signo, el símbolo. El rito —en el que estamos llamados a participar con cuerpo, mente y corazón— es el medio eclesial que, dando una forma definida a la oración, nos ayuda a alcanzar los dones divinos. Está compuesto de signos sensibles que realizan la santificación del hombre (cf. SC 7), como el agua en el bautismo; y de símbolos, que nos ayudan a dar significado y valores más profundos a la realidad que percibimos.


Los símbolos son además gestos sencillos —como arrodillarse, darse la paz— o acciones más complejas como los actos constitutivos de cada sacramento, que transforman tanto los elementos materiales, como a quienes entran en contacto con ellos, generando un sentido de pertenencia, tocando el corazón y la mente y suscitando auténticas relaciones eclesiales.

Jueves de la IX Semana del Tiempo Ordinario

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta de san Pablo a Timoteo (2,8-15):

Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Este ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor. Pero la Palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: «Si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.» Sígueles recordando todo esto, avisándoles seriamente en nombre de Dios que no disputen sobre palabras: no sirve para nada y es catastrófico para los oyentes. Esfuérzate por presentarte ante Dios y merecer su aprobación como un obrero irreprensible que predica la verdad sin desviaciones.

Palabra de Dios


Salmo 24 R/. Señor, enséñame tus caminos


 Santo Evangelio según san Marcos (12,28b-34):

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor


Compartimos:

Después de la discusión con los saduceos que escuchamos ayer, el relato de Marcos nos ofrece un diálogo con un escriba que se inicia con una pregunta: ¿Cuál es el mandamiento primero de todos? Sin vacilaciones Jesús recita la declaración de fe más importante y sagrada del judaísmo. Es una oración diaria que condensa el núcleo de la teología judía: el monoteísmo absoluto, el amor a Dios y el deber de transmitir la fe a las siguientes generaciones.


El pasaje central y más conocido de esta oración se encuentra en el libro del Deuteronomio 6:4: “Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad” Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. Un judío observante la recita dos veces al día: al levantarse por la mañana y al acostarse por la noche.  Para el cristianismo, el Shemá Israel no es una oración ajena o del pasado, sino la raíz teológica sobre la cual se edifica todo el Nuevo Testamento. La Iglesia Católica y las diversas tradiciones cristianas releen esta sagrada oración judía a la luz de la revelación de Jesús.  Él toma la profesión de fe judía pero la une inseparablemente con el mandato de Levítico 19, 18: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».


El domingo pasado celebrábamos la Santísima Trinidad. Seguramente muchos recordamos a San Agustín y el niño de la playa que intentaba meter toda el agua del mar en un hoyo cavado en la arena. Los teólogos cristianos… siempre tratando de explicar cosas que superan nuestras capacidades también intentan mantener intacto el Shemá y encajar el Misterio de Dios Trino. Por suerte, en algún momento Jesús dio gracias al Padre por revelar estas cosas  a lo sencillos, entre los que seguramente ha habido y hay teólogos y sobre todo santos.


Dios es Uno en esencia y naturaleza. No creemos en tres dioses, pero al mandar amar con todo el corazón, el alma y las fuerzas, se nos revela que la naturaleza íntima de ese Dios Único es el Amor. Para que haya amor perfecto, debe haber un Amante (Padre), un Amado (Hijo) y el Amor que los une (Espíritu Santo). El Dios Uno del Shemá es, para el cristiano, una comunidad de tres Personas divinas.


San Agustín comentaba que el ser humano, herido por el pecado, era incapaz de cumplir el Shemá por sus propias fuerzas humanas; el corazón estaba fragmentado. Pero Dios mismo se hace hombre en Jesús para enseñarnos y darnos la capacidad de amar de esa manera. En la Cruz Jesús encarna el Shemá de forma absoluta: ama al Padre con todo su corazón, con toda su alma (entregándola en la muerte) y con todas sus fuerzas, abriéndonos el camino para que nosotros, por el Espíritu Santo, podamos hacer lo mismo.

miércoles, 3 de junio de 2026

Santos Carlos Luanga y compañeros, mártires.

Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del san Pablo a Timoteo (1,1-3.6-12):

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, llamado a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido; te deseo la gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con pura conciencia, como mis antepasados, porque tengo siempre tu nombre en mis labios cuando rezo, de noche y de día. Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio. De este Evangelio me han nombrado heraldo, apóstol y maestro, y ésta es la razón de mi penosa situación presente; pero no me siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.

Palabra de Dios


Salmo 122 R/. A ti, Señor, levanto mis ojos


Santo Evangelio según san Marcos (12,18-27):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano.» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»

Jesús les respondió: «Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»

Palabra de Dios


Compartimos:

 Los saduceos también. La  cuestión en este caso es la Resurreción de los muertos. Los saduceos solo consideraban el Pentateuco como Revelación y como en estos cinco libros no hay nada escrito (o eso creían) sobre el asunto, cuestionaban las promesas de Jesús acerca de su propia resurrección y la de quienes le siguieran. Presentan a Jesús una situación algo disparatada: siete hermanos casados sucesivamente con la misma mujer a la que fueron dejando viuda hasta que ella también murió. ¿Con quién de los siete se unirá de nuevo en la resurrección?


Para los saduceos, las bendiciones y castigos de Dios se manifestaban exclusivamente en esta vida. Al ser la élite sacerdotal y aristocrática de Jerusalén, gozaban de gran riqueza, poder político y control sobre el Templo. Interpretaban su estatus y fortuna actual como la recompensa divina por cumplir la Ley y no sentían la necesidad teológica de buscar una justicia o compensación en un “mundo venidero”. Desde su lógica el caso que proponen, además de ser algo cómico denota por una parte que su conocimiento es bastante superficial y por otro que intentan ridiculizar algo que no entienden y que tampoco desean entender.


Es evidente que Jesús no limitaba su conocimiento de las Escrituras a los cinco libros. Con frecuencia citaba Salmos y Profetas o historias como la de Jonás.


Puesto que solo conocen los cinco libros primeros, Jesús desde ese punto de partida, les muestra qué poco han ahondado en ellos y qué poco han entendido y les habla del diálogo de Moises con Dios que se revela en el episodio de la zarza ardiente del Éxodo. Aquel en que Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Moisés en el presente. Y no es un Dios de muertos.


¿Y nosotros? ¿Creemos de verdad en la Resurrección prometida? Lo decimos cuando recitamos el Credo, ciertamente. Pero también es cierto que muchas veces ponemos nuestra esperanza en recompensas muy alejadas del cielo prometido y, desde luego insuficientes para nuestra íntima sed de felicidad plena. Es bueno dar gracias por los bienes que podemos disfrutar en esta vida, pero es mejor no contentarse con ellos porque hemos sido creados para algo muy superior.

martes, 2 de junio de 2026

Martes de la IX Semana del Tiempo Ordinario. Santos Marcelino y Pedro, mártires

 Primera Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro (3,12-15a.17-18):

Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia. Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables. Considerad que la paciencia de Dios es nuestra salvación. Así, pues, queridos hermanos, vosotros estáis prevenidos; estad en guardia para que no os arrastre el error de esos hombres sin principios, y perdáis pie. Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.

Palabra de Dios


Salmo 89 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación


 Santo Evangelio según san Marcos (12,13-17):

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»

Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: «¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.»

Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?»

Le contestaron: «Del César.»

Les replicó: «Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.»

Se quedaron admirados.

Palabra de Dios


Compartimos:

La “escena de la moneda” que recoge el evangelio de hoy, cuenta un episodio conocidísimo y una frase igualmente recordada que, de muchas maneras, funciona como principio en legislaciones de gran número de países. La pregunta, aparentemente razonable, es tramposa: si Jesús responde con un si o un no, se pone en rebeldía bien contra el poder romano o bien contra la ley judía. Los fariseos buscaba una manera de presentarle como un rebelde o un impío. Parece que Jesucristo encontró un vía de escape que confunde a quienes intentaban comprometerle.


Pero este pasaje de Marcos no es una anécdota que muestra el ingenio de Jesús y su habilidad para zafarse de una pregunta incómoda. Para muchos siglos de historia esta respuesta ha sido y sigue siendo una referencia en el orden de derechos y libertades de los ciudadanos. Es un límite para el orden civil y una separación clara de ámbitos de poder: la conciencia personal y la obligación de acatar las leyes.


Para un ciudadano católico en la España actual, la desobediencia a la ley civil -lo que la doctrina de la Iglesia llama objeción de conciencia- no es una opción de conveniencia personal o política. Es una obligación grave que debe seguirse cuando la norma civil exige cometer un acto que destruye una vida humana o corrompe directamente el orden moral.


A diferencia de la “insumisión” o la “desobediencia civil” política (que busca cambiar leyes mediante el desorden público), el católico, para obedecer a Dios, tiene que desobedecer pacíficamente algunas leyes civiles, asumiendo las consecuencias legales o profesionales que el Estado le imponga.


El católico acepta que “dar a Dios lo que es de Dios” en un entorno secularizado puede costar el puesto de trabajo, una multa administrativa, la exclusión de una bolsa de empleo o el aislamiento social. Si nuestra misión es dar testimonio de la Verdad, es necesario que participemos activamente en la sociedad y en la política: con prudencia pero arriesgando hasta la vida si fuera preciso.

lunes, 1 de junio de 2026

Lunes de la IX Semana del Tiempo Ordinario. San Justino, mártir.

Primera Lectura

Comienzo de la segunda carta del apóstol san Pedro (1,1-7):

Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo les ha cabido en suerte una fe tan preciosa como a nosotros. Crezca vuestra gracia y paz por el conocimiento de Dios y de Jesús, nuestro Señor. Su divino poder nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios. En vista de eso, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la honradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, al cariño fraterno el amor.

Palabra de Dios


Salmo 90 R/. Dios mío, confío en ti


Santo Evangelio según san Marcos (12,1-12):

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: «Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.» Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?»

Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor


Compartimos:

Hoy se trata de poner al descubierto la maldad de los que conspiraban para deshacerse de Él  y de cómo formaban una casta que se había apropiado de la religión. Las palabras de Jesús, además son una estremecedora profecía sobre su propia muerte. El es el Hijo que finalmente será asesinado por aquellos cuyos padres lo habían hecho antes con los profetas.


Pero el texto de Marcos 12, 1-12 no es solo un “reportaje” de un episodio de polémica dirigida solo a los fariseos; es un espejo incómodo para  muchos de nosotros. Los viñadores de la parábola, hoy, podemos ser los que cumplimos con los preceptos, asistimos a misa y marcamos la x en la declaración de hacienda y estamos “en lo correcto» apreciando la fe como un privilegio que nos coloca en una posició de superioridad moral… A un paso de decirnos: “Esta finca es nuestra”.


Jesús no solo se refiere a una casta sino a todo un pueblo que tal vez entiende su condición de elegido como un mérito propio. A veces los católicos lo hacemos y resultamos un poco cómicos como cuando un tipo que jamás ha tocado un balón cuenta la hazaña de su equipo como propia: “hemos ganado”.  O cuando con un comentario, un juicio, una valoración sobre alguna persona, dejamos clara nuestra “superioridad moral”


Ciertamente, somos un pueblo elegido y hacemos bien en procurar responder a esa elección misteriosa porque no tiene nada que ver con nuestras cualidades, nuestro esfuerzo o nuestra voluntad de “ser perfectos”. Los bautizados somos elegidos… Elegidos para llevar el Evangelio a todo el mundo con obras y palabras. Siervos, no señores. No es un privilegio, sino una gracia y una misión que se dirige, sin excepciones, a todos sin excluir a nadie. Y si, por la bondad de Dios acertamos a hacer que la fe germine en alguno, ese será miembro de la Iglesia del Señor, no de una casta selecta de “propietarios”.